Hoy es la variable más relevante para nuestro país. Hay que dar seguimiento a su evolución. El objetivo respecto del déficit es claro: se debe mantener en el nivel adecuado para no perder el grado de inversión.
Empiezo por describir el comportamiento de dos variables para luego hacer un planteamiento.
La primera es la trayectoria del endeudamiento público. Lleva muchos años con una dinámica de crecimiento. La última ocasión que estuvo en un nivel bajo y estable fue hace 20 años que se ubicaba por debajo de 30 por ciento del PIB.
Para 2012 ya estaba en los treintas altos, para 2018 en cuarentas medios y ahora en los cincuentas medios. En 20 años, el país se endeudó casi 30 puntos del PIB.
Un mayor endeudamiento hace que el costo financiero de la deuda tenga un peso elevado en el gasto del gobierno. Hoy es casi 13 por ciento del gasto total, es decir, uno de cada siete pesos.
Los requerimientos de financiamiento a consecuencia de los déficits tienen impactos en los mercados. Consume parte de la oferta de fondos de la economía. Si el sector privado necesita más recursos se da un ciclo de aumento en las tasas de financiamiento.
Hoy, un buen ejemplo de lo anterior es Estados Unidos. El gobierno tiene un alto déficit público y las empresas del sector privado que están invirtiendo en inteligencia artificial están demandando mucho financiamiento. Esto explica la presión en las tasas de ese país.
La segunda variable es el comportamiento del déficit público. El promedio de 2021 a 2023 fue de 4 por ciento del PIB. El gasto aumentó en 2024 para llevar el déficit a casi 5.8 por ciento del PIB.
El argumento es que el mayor déficit sería transitorio y que para 2025 se regresaría al nivel previo. El dato de 2025 fue de 4 por ciento del PIB, lo que cumple con la premisa.
Los datos sugieren que hay rigidez en el presupuesto, por lo que para bajar el déficit se requiere de un cambio de comportamiento. Uno es en la parte de financiamiento del gobierno.
Más deuda presiona el presupuesto por el mayor costo financiero limitando otros gastos. Un déficit elevado lleva a mayor deuda que implica mayor pago de intereses. Es un círculo vicioso. La única manera de limitar esta presión fiscal es bajando el déficit.
En el gasto hay rigideces para reducirlo e incluso algunos rubros con presión de mayor gasto como las pensiones. El margen para mejorar las finanzas públicas por un esfuerzo de gasto es limitado.
En la literatura hay una fórmula muy sencilla para calcular el déficit que mantiene estable la deuda como proporción del PIB. Depende de variables como la tasa de interés de la deuda y la tasa de crecimiento de la economía. Mayor crecimiento de la economía permite tener un mayor déficit.
Utilizando distintos escenarios resulta que se requiere una reducción media en el déficit de 2 por ciento del PIB.
La conclusión es que para llegar a dicho objetivo de reducción en el déficit para estabilizar la deuda se tiene que aumentar la recaudación en alrededor de 1.5 puntos del PIB.
El escenario de tener cambios fiscales parece inevitable. No es una discusión agradable, pero si la evitamos como país la consecuencia es enfrentar el costo de perder el grado de inversión con lo que ello implica.
