Hongos alucinógenos

Una de las peores alucinaciones que podemos tener hoy en día en nuestra civilización es, sin duda, la de imaginarnos rodeados e inundados de plástico. Ya lo estamos. Hoy el plástico acompaña prácticamente todas nuestras actividades. Está presente en nuestros ...

Una de las peores alucinaciones que podemos tener hoy en día en nuestra civilización es, sin duda, la de imaginarnos rodeados e inundados de plástico. Ya lo estamos.

Hoy el plástico acompaña prácticamente todas nuestras actividades. Está presente en nuestros celulares, computadoras y automóviles; en nuestros vasos y juguetes y hasta en piezas de motores, electrodomésticos, aislantes eléctricos, aparatos electrónicos, tuberías, impermeabilizantes, botellas, espumas aislantes, artículos y zapatos deportivos, mochilas, muebles, carteras, bolsas, tarjetas de crédito, envoltorios y en casi todos los productos que utilizamos de manera cotidiana en nuestra vida.

Indispensable. Omnipresente.

335 millones de toneladas de plástico producidas alrededor del mundo en 2016. Tan sólo en un año, según cifras de la organización civil Greenpeace.

Aterrador. Alucinante.

8.3 mil millones de toneladas de plástico producidas desde 1950, año en que se comenzó a  fabricar este producto, un polímero de alto peso molecular de moléculas orgánicas.

Sintetizado a partir de derivados del petróleo, conocidos como petroquímicos, el plástico es un material de fácil fabricación y con costos de producción muy reducidos, lo que lo convierte en un producto muy rentable en las sociedades de consumo.

Úsese. Tírese.

Hoy, a casi siete décadas de su aparición sobre la faz de la Tierra, el plástico se ha convertido en la mayor plaga del modelo de producción capitalista y de la llamada sociedad de consumo. Una especie de pandemia industrial que crece, se expande y se multiplica por todo el planeta, que infecta y contamina todo lo que toca y que tiene una duración casi eterna, ya que el plástico no es biodegradable. Las bacterias y la actividad biológica y química de la naturaleza no afectan su composición molecular. Solamente un proceso de fotodegradación —es decir, los rayos ultravioleta (UV) provenientes del Sol— puede incidir en su cadena molecular y romperla, lo que puede tardar de cien a mil años, según el material con el que estén fabricados.

Su huella ecológica es, por tanto, una de las más letales sobre la Tierra.

Omnipresente. Indestructible.

Y, sin embargo, la milenaria sabiduría de la naturaleza crea un muro de protección y ha puesto un antídoto en nuestras vulnerables manos.

Recientemente, científicos del Centro Mundial de Agroforestería (ICRAF, por sus siglas en inglés), una organización internacional de carácter civil dedicada a mitigar los efectos de la deforestación tropical y el agotamiento de sus tierras, en conjunto con el Instituto Botánico Kunming, de la provincia china de Yunnan, han descubierto un hongo que puede resolver el problema de los desechos plásticos en el mundo entero.

Un hongo, hasta hoy silvestre, que habita en el suelo y del que, se ha descubierto, que también puede habitar y reproducirse en el plástico. Aspergillus tubingensis es el nombre de este hongo que segrega enzimas capaces de destruir los enlaces químicos entre las moléculas de plástico, apoyado en la fuerza física de sus micelios, la diminuta red de filamentos similares a las raíces que crecen en la planta de los hongos y con las cuales destruyen los polímeros del plástico.

El doctor Khan, líder del proyecto, ha señalado que: “El próximo objetivo es determinar las condiciones ideales para el crecimiento del hongo y la degradación del plástico, considerando factores como sus niveles de pH, la temperatura y los medios de cultivo. Esto podría allanar el camino para utilizar el hongo en plantas de tratamiento de residuos e, incluso, en suelos ya contaminados por desechos plásticos…”.

De ser factible este proceso, que puede ser parte del sistema de reciclaje y degradación del plástico, se habrá encontrado una auténtica solución al problema que representa para nuestra civilización la producción de un producto que ha sido muy útil para la sociedad, pero muy pernicioso para el planeta. Mientras llega ese momento, para finales de esta década se estarán produciendo en el mundo cerca de 500 millones de toneladas anuales de plástico.

La propia naturaleza nos hace un llamado de atención y nos muestra el camino para salvar el planeta y para salvarnos a nosotros mismos, a través de un puñado de pequeños hongos que, visto el desenfrenado consumo en el que vivimos, bien podría decirse que son hongos alucinógenos.

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