Una relación compleja

Las constantes visitas del embajador estadunidense a Palacio no hablan de intervencionismo, sino de un abierto entreguismo.

Próximamente se definirán las candidaturas a la Presidencia en  Estados Unidos y, sin duda, tomarán al gobierno de López como saco de golpeo. Trump ya definió lo que piensa del cacique, al haber dicho que jamás había visto a alguien doblegarse como él lo hiciera. Por su parte, Biden le sonríe, como lo hace con cualquiera, pero los hechos dejan claro que de ninguna manera existe la buena relación que el residente de Palacio presume. Allá se le dispensa la cortesía que se tiene con cualquier mandatario, pero, como nunca, están presentes férreas imposiciones.

Lo cierto es que los vecinos no lo tratan con particular distinción. Es común que meros asesores, consultores y hasta consejeros que ostentan las más exóticas designaciones se reúnan con López. Éste ha inadvertido que ha sentado un inconveniente precedente, ya que no está acordando con su par, sino con personajes que ocupan cargos de segundo orden. Sí, a pesar de ser titular de las relaciones internacionales del Estado mexicano, trata y acuerda con irrelevantes auxiliares de carácter técnico-operativo, decidiendo sobre las rodillas, y a toda prisa, delicados asuntos.

Ni siquiera Peña fue visitado por personeros de segundo, tercer o ulterior nivel para discutir asuntos de Estado. Posiblemente, el tabasqueño sienta que esas reuniones son parte de las labores presidenciales que le hacen pasar a la historia, pero es claro que las mesas en que escucha quejas y se le indica el camino a seguir, son de nivel medio y hasta bajo. No escalaron nivel los otros, él descuidó y menosprecia el que tiene confiado.

La vicepresidenta, secretarios de gabinete y otros personajes arman intempestivas “cumbres” de seguimiento, a puerta cerrada, que son todo, menos visitas de Estado, vienen a acordar con quién estiman es su operador local. De su heterodoxo proceder, el mandatario da noticia cada mañana entre risas y anécdotas, mientras que el Senado ha sido irresponsablemente omiso en exigir el conocer a detalle la irregular proliferación de opacos convenios ejecutivos.

Recientemente apareció Esteban Moctezuma, quien posiblemente ya recordó que representa a nuestro país y no a un empresario, y que son asuntos diplomáticos a los que debiera abocarse, y no a tratar de evitar que las autoridades de más allá del Bravo tomen drásticas medidas en contra de quien lo llevó a formar parte del inefable gabinete de la 4T. La ligereza de su presencia en Washington cambió radicalmente la forma en que se relacionan los cercanos vecinos. Su peso político es tan marginal, que allá cualquier funcionario prefiere venir acá, solicitando espacio en la agenda presidencial mientras aborda. Para qué visitar ujieres, si pueden tratar directamente con el representante del Estado mexicano anytime.

Dado que no se dio a respetar, López suele intercambiar insultos y descalificaciones con gobernadores fronterizos, quienes, junto con rijosos legisladores, le denuestan un día sí, y otro también. Suele referirse groseramente a medios de comunicación masiva y hasta destacados periodistas del exterior, siendo cuestión de tiempo para que quede batido en los lodazales de la contienda comicial del país de las barras y estrellas. A diferencia de otros presidentes mexicanos, parece que será el primero en ser atacado y descalificado, tanto por republicanos, como por demócratas.

Las constantes visitas del embajador estadunidense a Palacio no hablan de intervencionismo, sino de un abierto entreguismo que mucho dará de qué hablar, y cuyo fruto a cosechar es aún de pronóstico reservado. No son los voceros de un gobierno extranjero los que han violentado las formas ni roto protocolos, sino un Presidente poco avezado en asuntos internacionales, quien no ha advertido que su protagonismo ha mermado la investidura y la ha colocado en una posición de baja estima.

Yerra al sentirse el poderoso controlador del paso del sur, cuando en realidad ha puesto a extranjeros en control de nuestra frontera, pero no sólo eso, ha sentado las bases de una relación no paritaria.

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