Submundo financiero

La operación de rescate del soldado financiero estuvo a punto de repetirse, pero falló.

La detención de Pedro Castillo entraña una gran oportunidad para los mexicanos. Ello, dado que la justicia en materia política siempre viene del exterior. Lo ocurrido puede hacer que las cosas aquí den un giro inesperado, avivando el, hasta ahora, fallido combate a la corrupción. El fracaso es innegable, para Peña y Videgaray sólo insulsas referencias, en tanto que para Calderón puros salivazos, con él, no se llega ni a los abrazos. En la materia, puras habladas desde Palacio.

 Hay quienes prefieren ver sucesos aislados, sin caer en cuenta que drásticos eventos, como los de la semana pasada, deben interpretarse dándoles dimensión histórica, geopolítica y financiera.

 La caída de Evo Morales tuvo un enorme impacto en nuestro territorio, sin que nadie hiciera el menor reparo para comprender cómo, en minutos, alcanzó relevancia de seguridad nacional, a grado de movilizar personal y equipo de la Defensa Nacional, arrancando al canciller mexicano de toda esa agenda internacional que no ha sabido, no ha querido o no ha podido atender.

 Se inició toda una aventura aérea trazando la ruta para traer a México al que buscaba perpetuarse en el poder en Bolivia. Los gobiernos de países vecinos súbitamente se vieron en el predicamento de tener que colaborar en una forzada, cuestionable y riesgosa operación de extracción de aquel país.

 A miles de kilómetros, el Ejecutivo federal decidió que no serían las autoridades de ese país quienes juzgaran al depuesto. No, al menos, sin que existieran condiciones que aseguraran salvaguardar opacos e inconfesados acuerdos.

 Pronto supieron que la permanencia de Evo en el poder resultaba insostenible, por lo que se buscó que el relevo fuera elegido entre los amigos. No habría problema, claro, siempre que se empleara la maquinaria electoral que, con la ayuda de fuerzas oscuras, el aimara previamente había amañado a conveniencia. Ese tejemaneje permite ganar indefinidamente. Sí, el aparato electoral era la solución para el derrocado funcionario. La democracia estaba secuestrada y así se quiso que permaneciera.

 Preocupante, si el defenestrado era sujeto a proceso judicial todo sería develado, aquí se sabía y se obró en consecuencia. Un interrogatorio bien llevado o una profunda investigación de caudales en posesión de ese líder sindical podrían comprometer intereses fuera de Bolivia.

 La expresión de Ebrard al ver a Evo descender del avión militar dice más que mil palabras. La liberación de una enorme carga. Un profundo suspiro de alivio exhaló el funcionario que, desde la campaña, se ocupó de los asuntos internacionales del movimiento. Más que el agrado de ver librado a Evo de los tribunales locales asomó un dejo de confort. Posiblemente, le quitaba el sueño el que los bolivianos se ocuparan de su democracia, o quizás, era propio el interés que estaba en riesgo.

 La operación de rescate del soldado financiero estuvo a punto de repetirse, pero falló. En Perú se sabe hacia dónde tiene Castillo su querencia, pero aún no el porqué.

 Ahora la pregunta es si los fiscales negociarán, a modo de evitar las bien sufragadas movilizaciones de quienes manejan allá el cash, o si le entrarán a fondo a entender cómo se financió la campaña que llevó al poder a este magisterial sindicalista.

 Los casos Odebrecht, García Luna y muchos más dejan claro que la única fuente para conocer cómo hacen grandes negocios nuestros políticos está más allá de nuestras fronteras. A todos ya les queda claro que no suena lógico el interés de López en el asunto.

 Mientras aquí la justicia vive la pesadilla de los injustos, la justicia peruana tiene la palabra.

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