Sobreendeudamiento y sobrerrepresentación
El sector inmobiliario mostrará inusitada volatilidad.
Mala combinación. El problema no es, ni nunca ha sido, de orden legislativo, sino de aplicación de las leyes. Los legisladores tienen décadas diciéndonos que ellos tienen la varita mágica, y que ahora sí, con un nuevo paquete de reformas, arreglarán todo. Hace más de 30 años que vienen degradando el ordenamiento jurídico nacional, hasta dejar un bodrio que poco sirve a los mexicanos.
Por si eso fuera poco, están comandados por quien obtuviera el deshonroso último lugar en la encuesta de Morena. Cada que toma el micrófono destila rencor, aunque prodiga histriónicas sonrisas en cada ocasión. No, no estuvo en la boleta como lo vaticinó, ni es querido por la población. Es uno de esos títulos de licenciatura en derecho, sin abogado que lo porte. Con él, es de esperar que la venganza y el resentimiento dominen el proceso legislativo.
En los diálogos de sordos organizados para discutir la reforma judicial se percibe que todos esos políticos se sienten cobijados por la turba. Son ellos residual producto secundario de la avasallante compra paulatina del voto armada desde palacio. El congreso está lleno de sujetos que se asumen populares, pero que carecen de legitimación por trayectoria. No ofrecen solidez en resultados, ni hechuras parlamentarias. Pronto, al quedarse sin el agente aglutinador, entrarán en estériles pugnas buscando acomodo. No hay peor adversario de un morenista, que otro morenista, pronto lo aprenderán.
Con esos legisladores de estopa mojada en gasolina, nos llegarán vientos difíciles en materia de financiamiento internacional. Es claro que existe un severo problema de sobreendeudamiento en el orbe, que se agravó durante la pandemia. Todo el mundo pensó que regalando dinero la producción sería incentivada rápidamente, ocasionando la recuperación del crecimiento, pero no ha sido así, por el contrario, es claro que existe un calentamiento, una burbuja inflada por una imaginaria capacidad de pago, que golpeará súbitamente a países ricos y pobres por igual. Por cierto, somos uno de los segundos, aunque muchos aún se crean las mentiras que se grafican en la mañanera.
El agua entrará a la débil barcaza que nos deja López a través de Pemex y la CFE, pero, rápidamente, tocará sectores que inexplicablemente siguieron creciendo artificialmente en ausencia de desarrollo. Un sector que mostrará una inusitada volatilidad será el inmobiliario, que en algunos segmentos avanzará, y en otros, entrará en caída libre, generando inquietud entre propietarios.
Como se anticipó, Banxico no tiene ni idea de qué hacer con las tasas, está ocupado en ocultar que ha venido usando las reservas internacionales para hacer política. Sólo su integración es más negra que su administración.
La SHCP tendrá un cierre de año complejo, tratando de convencer a los inversionistas que vivimos en un estado de certeza legal, en un Estado de derecho, cuando todo el mundo aquí sabe que no es así. Seguirán pateando la división de Poderes hasta que estalle, y seamos colocados en un costal tercermundista, con los países favoritos del macuspano.
El electorado mexicano, finalmente, obtendrá lo que ha venido buscando frenéticamente, un regreso a los años 70. Pero esta vez no habrá rescatistas, todos querrán salir del hoyo, y el poco financiamiento disponible buscará latitudes de seguridad jurídica. Aquí, ya no se entiende siquiera el papel equilibrador de los Poderes, por lo que será el brutal descalabro el que nos hará entender que el buey ya regresó a la barranca. El fuego de la escasez, parece, será la 5T.
