Sigue Monreal
Hay que quemar el cartucho que ya no se usará, y no al sucesor. La pregunta es si pasará voluntariamente al retiro, o si dará la pelea.
De nada servirá el desparpajo con el que habla Adán Augusto, tiene los días contados. En caso de que insista, saldrán a la luz una y mil trapacerías en las que está involucrado. Ya ni sus operadores le toman la llamada, especialmente ésos que, en Pemex, por una módica suma arreglaban entuertos y otros problemas que ellos mismos se inventaban. Distantes están aquellos tiempos en los que pensó que podría poner ministros a su servicio. Lo único que queda son enormes caudales acumulados aquí y allá, esos, que Pablo Gómez jamás vio. El de Paraíso ya se ocultó tras herencias; sólo le falta decir que se sacó la lotería.
Perdió al amor de su vida, y pronto, también la coordinación con la que le premiaron por sacar el penúltimo lugar en la auscultación rumbo a la candidatura presidencial. Ya no coordina ni la agenda propia. Sigue pensando cómo rescatar su posición y, aunque dice que es político de larga data, la verdad es que antes del 18 era un completo desconocido que no hacía más que esconder dinero e inmuebles en favor de su hermano de pillerías. No se ha dado cuenta de que el problema que debe atender, al igual que Bartlett, es no estar en el primer paquete de extraditados. Así es, como en la Colombia de principios de los años 90, México ya tiene una larga lista de extraditables.
Dejará de ser noticia, sus abusos pronto dejarán de sorprender. Ahora toca el turno a su homólogo en la otra cámara, dando paso a los liderazgos que Palacio necesita. Hizo bien Monreal en anunciar un pronto retiro, da ocasión a una negociación, sin embargo, son tantos los parientes que ha colocado, que se ve difícil que todos renuncien a petición de éste, lo más probable es que traten de sucederle en el control de la rentable camarilla que hasta hoy opera.
Quien haya decidido empezar con Adán entendió que su torpe y primitiva forma de hacer las cosas debía anteceder a la de quién sí tiene décadas de operar en la oscuridad, y cuya historia da para serie de Netflix. Empezando a conocerse la red, negocios y alcances de Monreal, el enamorado tabasqueño pasará de moda. Al lado de éste, aquel es un vulgar aprendiz.
El reflector ha comenzado a girar hacía la otra silla coordinadora. En el coliseo guinda ya saludan los que van a dar el espectáculo de fin de año. Una vez traficados los ajustes del presupuesto, se volverá inútil para la causa. Por supuesto, nada pasará antes de que el paquete financiero quede aprobado, hay que quemar el cartucho que ya no se usará, y no al sucesor. La pregunta es si pasará voluntariamente al retiro, o si dará la pelea.
Es evidente que tiene con qué armar fuego amigo, no sólo conoce la truculenta operación del Cártel de las Sillas, sino que puede empinar a algunos de sus engranes. En unas semanas empezará la negociación, pero, de no haber acuerdos, veremos una verdadera cruzada justiciera, en el que emergerán acusaciones a diestra y siniestra. La unidad será bandera, pero la traición la asta. Vendrán las fotos, los abrazos y apretones de manos, pero los morenistas aprenderán lo que son las puñaladas traperas.
Ahora es claro el por qué se requiere a un maestro de la mano izquierda y de la fina operación política en Gobernación y no a un simple incondicional. Lo que ocurrirá en breve será carambola de dos bandas, al caer el siguiente en la lista, resultará evidente que debe haber cambio en Bucareli. Más de algún beso será recordado. No siempre terminan bien, como el del Iscariote. Pero, antes de eso, parece que es hora de que Ebrard comience a remojar la barba.
