Reproche social

El oficialismo ha logrado colar algunos de los muy oscuroschayotubersa medios masivos de información.

El tabasqueño hizo de la perorata política el opio del pueblo. Sí, la admiración que recibió de quienes gritaban en plazas públicas que era un honor estar con él, asemeja aquello que Marx llamaba religión. Adormeció a millones de personas, pero no triunfó, hasta que encontró en el crimen organizado la plataforma financiera que le llevó al trono. Les dijo lo que querían oír, habló de honestidad, cuando él y sus allegados han dejado claro que nada tienen que ver con esa virtud. También de austeridad, cuando la cual vomitan todos los que le siguen.

La valentía, es claro, ha quedado en el clóset desde que entregó la banda. Se dice que goza de privilegios para viajar y moverse dentro y fuera del país, lejos del escrutinio público. A la fecha, nadie sabe en qué consiste la tan cacareada valentía del macuspano. Hasta donde se sabe, no vociferaba ni daba gritos si no estaba rodeado de una multitud que él mismo había enardecido, o de un pesado grupo de seguridad. Era envidia lo que había detrás de todas las denuncias de actos de corrupción. No descansó, hasta reproducir, y superar, los atracos que denunció.

Pero hay que reconocer que ha sido el más grande encantador de ignorantes desde que López de Santa Anna tuvo que huir del país, aquél, también falso redentor que provocó la ruina del país, allá, cuando se escrituró la mitad del país a cambio de nada. López Obrador sólo cerró los ojos cuando lo puso a disposición de los cárteles. Cada siglo, este país tiene un fraudulento mesías, afortunadamente, el de éste, ya se fue.

Lo que nadie puede negar es que en su discurso llevaba la venenosa y adictiva sustancia que anuló la sensatez de millones de personas, a las que fue fácil engañar, amañando las elecciones. Manipuló una institución vulnerada, inútil y sobrevaluada, el INE. Fue un error, fue un horror estar con Obrador, pero aún buena parte de la población no despierta, dado que siguen pensando que fue quien, tras declarar la guerra de clases, arrebató fortuna a selectos pudientes, permitiendo, a quienes integran su movimiento, embolsársela. Nada ganó el electorado, pero el odio es el odio, y el resentimiento fue sembrado de manera profunda.

En menos de un año, aunque sobrevive la mañanera, el discurso ha cambiado. Suele dar paso a la confrontación con amplios sectores de la población, a quienes se les reprocha por quejarse de la violencia, del desabasto, de la ruina y de la falta de ayuda ante la desgracia. Los lamentables paleros que a ella acuden son opacados por una que otra pregunta que cuestiona la falta de atención gubernamental ante los reclamos ciudadanos. El oficialismo ha logrado colar algunos de los muy oscuros chayotubers a medios masivos de información, ello con la intención de contestar señalamientos de verdaderos líderes de opinión, sin embargo, cada día pierden seguidores.

Hoy, ya no hay adulación al pueblo, el cual pasó de ser bueno a ser molesto. Se le llama a no criticar, a no pedir, a no quejarse. Son tantos los escándalos, es tan grotesca la corrupción, que no hay ya forma de sepultarla hablando de los de antes. Por ahí, alguna de esas impresentables legisladoras decía que no podrían jamás alcanzar el nivel fecal de antes, cuando hace mucho lo rebasaron. El hedor rebasa lo soportable, y más que de un proceso legislativo, se puede hablar de uno intestinal.

Como en el muy conocido experimento con roedores, se corrobora que la sobrepoblación conduce al canibalismo. El año que viene la pugna por el poder será cruenta. A la 4T se le caerá la careta, será claro que la T es de traición. La inocua y bisoña oposición, en silencio, verá como la serpiente morderá su cola.

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