Quinta columna

El nombramiento es eficaz, pero carece de respaldo democrático, ya que se trata de una penosa excepción del trámite ordinario.

Para quien quiere y puede entender es claro que ningún funcionario público federal gana más que López. Su salario rebasa los 700 mil pesos, recibiendo la mayor parte en especie. Es un claro ejemplo de aquel refrán que dice: te hace rico, el que te mantiene el pico. Gran parte de los estipendios que recibe rayan en lo ilegal, o al menos, en lo poco ético, dado que se trata de ventajas económicas que recibe a través de su núcleo familiar.

De forma que la tarea es sencilla para la SCJN, a petición de parte, debe calcular los ingresos que recibe el residente de Palacio, para determinar si la ministra Batres ha formulado una petición acorde a la realidad. Para muchos ciudadanos ya basta de gatopardismo, y es momento de que el pleno de ese órgano colegiado deje de ocultarse en una supuesta mesura, que en realidad no es sino un miedo calculado.

La designación de la ministra es constitucional, pero no legítima, se trata de un precipicio formal, en el que caímos ante la falta del cumplimiento de requisitos previstos en la Carta Fundamental. Esto es, resulta evidente que el constituyente dio salida a un indeseable, pero obligadamente previsible nudo gordiano, el cual jamás se presentó mientras prevaleció el orden constitucional. Tal nudo fue trenzado, deliberada y dolosamente, por quien desprecia profundamente a ese poder.

El nombramiento es eficaz, pero carece de respaldo democrático, ya que se trata de una penosa excepción del trámite ordinario. Sí, vergonzosamente, es ministra haiga sido como haiga sido. Con ello, el Presidente una vez más ha mandado al diablo la conformación de las instituciones previstas en nuestra Constitución, trazando con su proceder el camino de la ilegitimidad.

Algunos pensarán que se trata del inicio de un proceso de destrucción del andamiaje judicial, pero eso es falso, el nombramiento es la culminación de todo un plan para anular la división de Poderes, artimaña que le fue encargada al ministro en fuga Arturo Zaldívar, quien se hace pasar como ministro en retiro, a sabiendas de que no cumplió con esencial requisito de mantenerse en el cargo durante 15 años.

A modo de trueque, el ministro en fuga por fin pudo hacerse de la posición que tanto anhelaba y que siempre envidió a su patrón Aguinaco. Vendió su alma a López Obrador.

Poco a poco fueron haciéndose nombramientos de jueces y magistrados que mostraron una incondicional proclividad al movimiento telúrico al que ha sido sometida la república. Algunos de ellos recayeron en sujetos que en el foro son bien conocidos por albergar espurios intereses, que no se compadecen con los más elementales deberes de un juzgador. El queretano piensa que fue discreto al maniobrar, pero esa banda de tunantes está bien identificada.

El plan se echó a andar desde que llegó a la silla de lo que era un cargo administrativo, y que él convirtió en crisol de sus voraces ansias de poder, por eso, al perderlo, abandonó sus funciones, antes de llegar a la decorosa meta del deber cumplido. Ya se quitó la máscara, para sumarse al trabuco al que siempre perteneció, y en cuyo favor simuló imparcialidad.

Operó y se fue, sembró el germen destructivo en el Poder Judicial Federal, para que, desde dentro, éste sea derrotado. La lucha ya se percibe en sesiones de tribunales colegiados y, ahora, la presenciaremos en el pleno.

Quizá sea tiempo de regresar a las escuelas de derecho a la ética como materia, ya que es claro que producen profesionales que pisotean todo principio, con tal de hacerse de una posición en la Corte. Cargo que alguna vez fuera materia de orgullo, y que hoy se otorga a cortesanos.

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