¿Presidente con e?

A empujones se coló en el grupo de precandidatos que buscaban encabezar la construcción del segundo piso de la transformación

La campaña desplegada por Marcelo Ebrard en busca de apoyos político-electorales es más que evidente, y se lleva al cabo a la vista del morenismo, al cual, claramente, él no pertenece. Su obligada incorporación al equipo deriva de su vieja colaboración con quienes ahora encabezan el régimen, contribuyó a la construcción de la estructura financiera de lo que hoy es el partido oficial, particularmente en el área internacional, lo que le llevó en algún momento a tender vínculos no sólo con Evo Morales y Pedro Castillo, sino con destacados funcionarios cubanos.

Es evidente que sus pesados caudales no son custodiados en Latinoamérica, sino en la patria de su corazón, sí, allá en Francia, a donde ocurre frecuentemente a solventar asuntos personales. Es difícil saber, y más probar, si el crecimiento de tal caudal coincide con aquellas cuestionadas inversiones realizadas cuando estuvo al frente del gobierno capitalino, teniendo todavía como ujier a Mario Delgado. Es decir, allá, cuando varios miles de millones de pesos simplemente se esfumaron en la Metrofinanciera y en la construcción de la Línea 12. 

Con el tiempo, esos funcionarios no sólo separaron su brega, sino que, incluso, se puede decir que llegaron a rivalizar, dado que Delgado se convirtió en la pieza clave del financiamiento del movimiento, así como de la administración de sus abultados apoyos. Lo financiero llegó a ser tan relevante y crucial en la la operación electoral, que un tecnócrata, pupilo de Luis Videgaray, llegó a encabezar el partido en el poder, Por algo se le ha premiado con una cartera que simplemente no acomoda a su perfil, pero que pesa mucho en el presupuesto.

Hace tiempo le quitaron a Ebrard el control de la chequera y la relación con los principales fondeadores del movimiento, pero sigue siendo poseedor de muchos secretos que involucran no sólo las oscuras fuentes de financiamiento que le entronaron, sino también de operaciones, acuerdos, pactos y alianzas que involucran al jefe máximo de la transformación. Ello recuerda la maquiavélica frase que dice que al enemigo hay que tenerlo cerca, dado que ello es la mejor forma de controlarlo.

Es por ello que la falange que el galo se ha decidido armar abreva en personajes que la 4T, por la razón que sea, no purificó. Sí, se trata de muchos tricolores que no acaban de encontrar cobijo en la nueva divisa del poder. También ha negociado el apoyo de trasnacionales, busca ecos que vengan del exterior que le hagan deseable como candidato. Las poderosas corporaciones multinacionales no lo hacen de manera desinteresada, ya que ven en el funcionario a un operador local que vea por sus intereses. Ya se siente el calor que el caído de Tláhuac aporta, dado que ha decidido asumir la calidad de “defensor de oficio” de algunas causas que encabezan esas empresas.

A empujones se coló en el grupo de precandidatos que buscaban encabezar la construcción del segundo piso de la transformación, ese sótano en el que hoy nos encontramos. Pero ahora, aunque no pierde oportunidad para emitir lisonjas a la titular del Ejecutivo federal, ya no se presta a ser el milusos que apaga incendios, sino que dedica todo el tiempo a construir una agenda propia que le permita armar candidatura.

  • La Secretaría de Economía no está en manos de un economista, ni funge como autoridad que rija su derrotero, es en realidad la que norma el comercio, y ahí es donde explota cantera, trata de capitalizar inconformidades. Ebrard, forzadamente, las viste como asuntos que requieren su atención. La pregunta es si realmente hay quien se quiera montar en ese Titanic, como ya lo hicieran algunas empresas chinas al inicio del sexenio.

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