¿Peso fuerte?
Convirtió un conflicto de pistoleros, en uno de tropas bien equipadas con armamento de guerra.
Todo comenzó con un narcoabrazo. Pero éste no ocurrió en el proceso electoral de 2018, sino mucho antes, cuando, recorriendo el país, el cacique advirtió que la extendida red territorial del magisterio sólo era superada por la del crimen organizado, ésta, no sólo incluía actividades relacionadas con sustancias ilícitas, sino también un gran espectro de operaciones irregulares que sustentan la enorme economía informal del país. Sí, de la que viven esos sectores en los que siempre ha encontrado apoyo.
La piedra de toque de la red tricolor fue durante mucho tiempo el magisterio, ya que permitía tener cuando menos a un funcionario de casilla en todas las mesas. La suerte de Elba Esther, para bien o para mal, siempre estuvo definida por la gran influencia que pudo ejercer en los procesos comiciales. Sin ella, Calderón no hubiera llegado. Sin duda habría quedado más abajo, o desaparecido, la muy escasa y dudosa diferencia que sustentó el “haiga sido, como haiga sido”.
Nunca en campaña el michoacano habló de declarar la guerra, ni su enfoque político se fundó en usar las Fuerzas Armadas. El día de la elección, su frágil carácter le postró en cama y su cónyuge tuvo que sacarlo del soponcio con oxígeno suplementario. Al inicio del sexenio, no encontraba cómo lanzar a las fuerzas del orden sobre el campamento del tepetiteco, hasta que se le ocurrió un buen pretexto para acudir a lo único que temía y teme López, el Ejército.
Fue así como, sin la menor idea de qué estaba haciendo, el adorador de Baco escaló la violencia en México. Convirtió un conflicto de pistoleros, en uno de tropas bien equipadas con armamento de guerra. La sangre llegó al río, mientras los capos veían como los entendidos articulados desde tiempos de De la Madrid se derrumbaban. Poco se menciona, pero el despegue internacional de los que hoy son los mandamases ocurrió en ese gris sexenio. El adolorido y derrotado candidato fue paño de lágrimas de los excluidos, de los que no veían como les quitarían el pie de encima los políticos que se habían apoderado de todo. El regadero de resentidos fertilizó un movimiento que, poco a poco, tendió una red de mayor alcance a la de la chiapaneca. Incluso, su estado es el real cubil del Partido Verde, que sólo esperó la oportunidad para cambiarse de bando, traficando su marginal diferencial.
Cumplido el anhelado deseo, la primera medida fue declarar la rendición, diciendo que así habría paz. Se implementó una estrategia que tiene a los militares haciendo todo, menos lo que venían haciendo.
El caso de Evo puso a temblar al cacique, quien, desde entonces, preserva buena relación con ese factor real del poder, sobre todas las cosas. No teme a los políticos, ni a los partidos, los dejó sin base operativa territorial, y cuenta con aliados que ponen en orden a todos los funcionarios de casilla desde antes de la votación, bajo el lema, acta o plomo.
El “dejar hacer y dejar pasar” del liberalismo se cambió por el abrazos, no balazos, sobre el cual se montó todo un nuevo modelo económico que hace que el principal ingreso del país venga de fuera.
Ese ingreso tiene origen y destino incierto, no paga impuestos y ha permitido que los dueños del país no vivan sometidos a las decisiones bancarias de un gobierno que no es amigo. Unos 200 mil millones de dólares han entrado al país y se encuentran en territorio cómplice.
Colombia se ha quejado que el flujo se queda aquí, y que ello lesionó su economía, es cierto.
La potente economía informal del país supera a la formal, y ese poder adquisitivo es el que mide el narcopeso, no la fortaleza de una economía que promedia cero por ciento de crecimiento.
