Hasta ahora se ha salido con la suya. Si bien es cierto que muchos mexicanos denuncian errores, señalan pifias y cuestionan riqueza mal habida, es claro que Peña Nieto supo vender la silla presidencial. No sólo puso a un candidato soso y lerdo, sino que, además, supo dejar claro a los gobernadores lo que pasaría si no se tiraban a los pies del de Macuspana. El más claro ejemplo es Del Mazo, al que sólo le faltó colgarse una letra escarlata, a modo de San Benito.
En lo oscurito, se reunió con políticos y empresarios para externarles lo que ahora dice en público, se declaró perdido y dijo que no había otra opción distinta a la llegada de López. Se repitió la historia. Zedillo sabía que en un gobierno tricolor muy posiblemente terminaría en la cárcel. Que lo tratarían como él trató a Salinas de Gortari. Veía a su hermano e hijos encarando a la justicia, por lo que, por conducto de empresarios beneficiados por el régimen, llegó a un acuerdo de impunidad.
Así es, los dos últimos presidentes del PRI sabían que lo peor que podría pasarles era quedar en manos de la rancia clase política que los puso, ésa que no perdonaría a uno, subir el IVA y el rescate bancario, y al otro, la triple A, Atenco, Ayotzinapa y el Aeropuerto, aeródromo en el que todo mundo sabía se habían atascado sus más cercanos colaboradores en turbios negocios, los cuales, emergerían del tezontle y saldrían a la luz.
Fue entonces que pidió a Videgaray arreglar la pelea en la que se tirarían a la lona. Pondrían toda la información acumulada por la UIF bajo siete llaves, incluida la proveniente de agencias del exterior. Desfilaron uno a uno los más cercanos, quienes, a cambio de conservar los enormes caudales agandallados en abuso de funciones de servicio público, pondrían algunos granos de arroz en favor de la campaña del tabasqueño, la cual, si bien no necesitaba de más recursos, los recibiría para fincar la nueva hermandad.
Meade recibió desde entonces órdenes, para saber dónde fallar y a quiénes desencantar, entregándolos como ofrenda a Morena. Los confundidos empresarios fueron invitados a suspender apoyo a candidatos locales del oficialismo y, en su lugar, apoyar a los engendros salidos de la nada, que postulaba el partido guinda. Desde entonces sabía que su relación con el titular de la ASF le arrendaría muy jugosos negocios. Sí, poco se sabe, pero es claro que, al día siguiente de la elección dejó de ser candidato para encabezar un gran aparato de coyotaje, en el que, si bien no aparece su firma, es indeleble su presencia. Se trata de un grupúsculo de despachos que asesoran gobernadores, presidentes municipales y legisladores, obteniendo dispensas, borrones y distracciones del ente fiscalizador, a modo de superar observaciones. Arreglan todo tipo de entuerto, haciéndolo pasar como consultoría legal y financiera.
Los más cercanos al saliente encargado de las finanzas públicas integraron un equipo de “asesores” que estructurarían y operarían un sistema de acopio y concentración de recursos, capaz de brindar seguro escondrijo internacional a las nuevas fortunas, superando al rústico y primitivo trabuco con el que llegaron a 2018. Los más cercanos a Videgaray se dispusieron a armar un intermediario que concentrara el dinero que se embolsarían, con el sudor de la frente del pueblo mexicano. Lo pondrían a trabajar seguro, bajo los más modernos esquemas de dispersión. Sí, se acabaron los sobres, y empezó la bolsa.
Llegó la caducidad del pacto, ahora es preciso refrendarlo, por lo que Peña Nieto está dispuesto a poner en el retrete todas las pruebas que se guardó, cuando ofreció al residente de Palacio mantenerle un sexenio sin molesta evidencia del atraco electoral. Ahora, le manejan la fortuna a los políticos y empresarios del sistema, por lo que es claro que saben cómo y dónde duele. Los tecnócratas ya son de casa, y pueden, sobradamente, negociar otros seis años de impunidad.
