Odio
Tiene razón, aún no hay manifestaciones, ya que el lugar del precursor de la violencia social, que él dejó vacante, aún no se llena.
Técnicamente se conoce como discurso de odio. López le llama conferencia de prensa matutina. El hacer denostación constante, señalando a un sujeto como reprochable o condenable, tarde o temprano, genera un entorno de animadversión entre quienes, con poco criterio, escuchan al instigador que llegó a la Presidencia.
Así es, se llama generación de perfiles. Lo que ha sucedido con algunas tiendas de conveniencia u otras empresas, que tienen el infortunio de ser consideradas como adversarias del funesto movimiento que se apoderó de la silla, es que han sido perfiladas como blanco, no sólo de críticas y escarnio, sino ahora de violencia y saqueo. Es cierto, lo suyo no es la venganza, jamás agrede de cerca, lo hace de lejos y detrás de un micrófono, esperando a que la turba cobre venganza, y hasta aproveche la rapiña.
Tiene viejos antecedentes en la historia de la humanidad, el discurso flamígero no sólo destruyó grandes ciudades, tesoros y acervos culturales, también fue empleado para llevar al cadalso a los enemigos de jerarcas que, asqueados de la democracia, prefirieron crear entornos carentes de opositores y de voces críticas. Nada más sereno que la paz de los sepulcros, y del congélales las cuentas en caliente.
Los provocadores sociales se desgañitan reclamando y exigiendo a las masas que hagan justicia fuera de los tribunales, y se hagan a la mala de lo que pertenece a otros. Buscan que quienes no son, ni piensan como ellos, sean denostados en la plaza pública, haciendo del desprestigio, silencioso puñal que mata poco a poco.
López nunca fue un profesionista destacado ni un docto académico, mucho menos un burócrata bien acreditado, pero es claro que es maestro en crear condiciones violentas. Podría hacerse merecedor de un doctorado Honoris Causa en amotinamiento. Su potente alarido hace palidecer todo graznido, haciéndole innecesario articular razones y motivos, apostándolo todo, a la víscera de quien escucha.
Prende el fósforo esa ignorante voz que invita al linchamiento de quienes se dice que pagan menos por la luz que una familia, sin aclarar que son las inversiones que han hecho para pagar menos lo que justifica el monto del recibo. Dolosamente hace creer que el precio a pagar es producto de un robo. Nadie defiende la simulación del autoabasto, cuando se hace pasar por socios a quienes en realidad son clientes, pero es claro que, si el marco legal permite generar o acudir a instancias más baratas que el putrefacto monopolio estatal de la electricidad, en buena lid, no debiera ser cobardemente sentenciado, ni mucho menos satanizado.
Si tuviéramos un Poder Judicial serio, robusto, prestigiado y bien preparado, el gobierno presidido por un orador del odio, ya estaría pagando las consecuencias de propalar un mensaje que ha incendiado las inermes instalaciones de comercios minoristas, esos que no se pusieron a mano o no hicieron aportaciones. Así es, aquí nadie piensa en juicios resarcitorios, aun teniendo a un claro responsable de los terroríficos eventos que uno pensaría ocurren sólo en un país envuelto en revueltas civiles.
Tiene razón, aún no hay manifestaciones, ya que el lugar del precursor de la violencia social, que él dejó vacante, aún no se llena. Se llevó con él a los profesionales de la agitación, ahora dice son funcionarios públicos. Pero el caso es que el descontento de algunos cárteles con el reparto de territorios ha arrebatado a los ciudadanos calles y avenidas. Hoy toca resguardarse y estar lejos del espacio público. La autoridad ha decretado un narcoabrazo que no da espacio a la protesta ciudadana.
