No pasa nada
No hay que esperar una declaración para advertir que las relaciones entre ambos países atraviesan su peor momento desde finales del siglo XIX
Desde hace décadas, en el ámbito de las relaciones internacionales no existe el expreso o formal reconocimiento de gobiernos, simplemente, éste es consecuencia de una llamada de congratulación a quien lo encabeza como resultado de un proceso electoral. Esto es, se hace a través de un acto de cortesía internacional. Si bien la Ejecutiva federal ha sido felicitada por el presidente saliente, no ha sido convocada a la toma de protesta de Trump, lo cual es exactamente lo contrario.
En el periodo de transición se han propalado versiones distintas, y hasta contradictorias, de lo dicho en conversaciones telefónicas, siendo, aún, comunicaciones no oficiales. A partir de hoy veremos si existe un cabal reconocimiento, o si, por el contrario, las acciones y mensajes constituyen una reprobación, al materializarse la contundente y drástica calificación de ser un gobierno controlado, manipulado o encabezado por el crimen organizado.
No es un asunto menor, el entorno de un implícito desconocimiento entraña severas consecuencias en lo económico, financiero y comercial, dado que éste es la base de medidas hostiles. Uno más, de los tantos errores incurridos por el gobierno en turno, fue no haber designado inmediatamente al nuevo embajador de nuestro país en Washington, y que éste presentara cartas credenciales ante quien mostraba una actitud favorable hacia la recién electa. El evento ahora será de pronóstico reservado.
López Obrador presumía que México era tratado con respeto, mientras que Trump señalaba que nunca había visto a nadie “doblarse” como él lo hacía, esto es, humillarse de una manera tan marcada. Lo cual, siendo una referencia a quien encabezaba el gobierno nacional, demuestra exactamente lo opuesto a lo sostenido por el tabasqueño. Jamás, en la historia reciente de México, había existido una referencia tan irrespetuosa. Tampoco habíamos visto que el vecino se quedara en el umbral esperando una invitación, al celebrarse el arranque.
Así es, no hay que esperar una declaración para advertir que las relaciones están dañadas o, al menos, atraviesan su peor momento desde finales del siglo XIX, porque simplemente así es la diplomacia, los signos exteriores lo son todo. Un diplomático sin carrera será nuestro representante, cuando de todos es bien sabido que, más que diplomacia, hace lobbying, en provecho y beneficio de quien impulsó su designación.
El mensaje es fuerte y claro, el trato lo dice todo. De establecerse un impuesto al principal ingreso de nuestro país, esto es, a las remesas, por bajo que éste sea, sin duda pasará algo. Si se complica el segundo ingreso en relevancia, es decir, la operación de Pemex, que precisa, desesperadamente, de las colocaciones más allá del Bravo, lo que pase será determinante en la viabilidad de la 4T como opción política. La frase emitida por Sheinbaum puede terminar siendo lapidaria, como lo fue aquella del “catarrito”.
El estado de fragilidad en el que el macuspano dejó a México, en distintos órdenes, pasara hoy su primera prueba, el efecto no será inmediato, pero sí decisivo. Veremos si la pasa, o no. Hasta hoy, todo apunta a que no la pasa, derruyendo no sólo el nearshoring, sino también la viabilidad de la empresa pública mexicana, dado que la CFE también requiere del beneplácito que, de Washington, llega a Nueva York.
Renunció Trudeau y no pasó nada. Se diga lo que se diga, la relación con Canadá es fría, distante o, cuando menos, poco fructífera. A partir de ahora, lo será menos, y quien piense que habrá eco entre los gobiernos maltratados se equivoca. Lo que pasará, hoy empieza, y no depende de nosotros.
