Eso dijeron a los pasajeros del Titanic y la banda siguió tocando hasta que se hundió dramáticamente. El episodio que vivimos se parece a esa tragedia. Tras décadas de análisis, se llegó a la conclusión de que fue la torpeza de la tripulación y no el tempano lo que propicio el hundimiento, dado que, de haber topado directamente contra el iceberg, el resultado habría sido otro. En lugar de hacerlo, el timonel, bajo orden superior, trató de esquivarlo, pero no lo logró y, así, expuso el casco en su parte más frágil. Hoy, si bien es cierto que el mundo vive momentos convulsos, lo que está pasando en México se ha agravado y profundizado por las erradas decisiones que ha tomado Morena.
La reforma judicial parecía ser la peor decisión adoptada en los últimos cien años, hasta que el pleno de lo que fuera la SCJN decidiera emitir lo que, tarde o temprano, provocará una estampida bancaria. Hay quienes siguen preocupados porque la inversión extranjera no llega, pero eso es ya tema secundario ante lo que acabará por derruir el sistema financiero nacional.
La inversión en todos sus renglones ha venido cayendo y en la calle se siente. Sin embargo, los impresentables togados han encontrado la forma de llevar al país a un episodio que superará aquellos de los años 82 y 94 del siglo pasado. Para su infortunio, no habrá Fobaproa que corrija las sandeces que, a gran velocidad y de forma cotidiana, adopta la improvisada burocracia.
Nadie quiere recordarlo, pero la banca privatizada iba preñada de pérdidas que la Comisión Nacional Bancaria, por negligencia o criminal complicidad, mantuvo ocultas a los compradores, sí, le guste a quien le guste, la banca se vendió más que quebrada, y no fue el criticado fideicomiso el culpable, sino bribones designados por De la Madrid que fungieron como directores de la banca nacional, ellos destruyeron la banca.
El detonante fue otra pésima decisión, el ampliar la banda, recomendación de Agustín Carstens, que dio cuenta de lo poco que quedaba en la reserva de activos internacionales. Los compradores cometieron un error, creerle al gobierno que se estaba privatizando la banca, cuando en realidad se estaban privatizando las pérdidas ocultadas por el gobierno.
A confesión de parte, relevo de prueba. El Pleno de la Suprema Corte confirmó, con su suicida decisión, varios señalamientos, entre ellos, el que los juzgados y tribunales no funcionan; no son confiables y no garantizan la aplicación de la ley, por lo que la cabeza del Poder Judicial estimó conveniente eliminar el examen judicial antes de congelar cuentas, lo que ha hecho en un país plagado de impunes funcionarios a los que no se les han tocado, ni tocarán, las cuentas. Hoy, ya podemos poner nombre a esa impresentable sentencia, es el error de abril, y tiene claros responsables. La sentencia cobija crímenes de lesa humanidad. Al tiempo.
Así es, los ministros consideraron innecesaria, y hasta impertinente, confiar la protección y tutela de los derechos fundamentales a los electos juzgadores, estimando preferible depositarle en la instancia encargada de congelar activos, esto, a pesar de que son precisamente las decisiones de ella, de las que los justiciables reclaman salvaguarda.
El nivel de impunidad de los saqueadores enquistados en el poder por el narcomunismo es de proporciones históricas. Tatiana Clouthier dijo bien, han hecho historia. Se trata de los mayores sinvergüenzas de la crónica nacional, y ella mucho ayudo para que ellos se agandallaran el poder, claro, con mucha, mucha ayuda del crimen organizado. El tremor ya se escucha bajo tierra; la lava sube, pero la erupción no ocurre de un día para otro.
