No es legado, sino botín
Quieren vivir como si aportaran efectivos beneficios a la sociedad en la que viven, cuando jamás han creado empleos ni generado utilidades...
La palabra orienta, pero el ejemplo arrastra, dice el refrán. El comportamiento que tienen los hijos del tabasqueño no es obra de la casualidad, crecieron y se desenvolvieron en un completo estado de opacidad e impunidad, en el que torrentes de dinero satisfacían todo tipo de caprichos, incluyendo, por supuesto, el de hacer turismo político-electoral durante años sin tener que trabajar. Hay quienes piensan que, de pronto, los tan criticados vástagos se entregaron al boato, sí, hasta que el macuspano, empleando las peores artes, se agandalló el poder, pero no, en lo oscurito siempre hicieron y deshicieron, “financiados” por empresarios y políticos.
Andy piensa que aún están fuera del reflector, y que la gente no va a notar que gastan como si se tratara de exitosos emprendedores, o de acaudalados herederos, a pesar de que su progenitor presumía de sólo tener un par de zapatos y 200 pesos en la cartera. Aunque éste siempre criticó a quienes estudian en el extranjero, no tuvo empacho en mandar a su menor hijo a Londres, rodeándolo de los lujos que severamente fueron reprobados a los neoliberales.
No puede ni debe escapar su comportamiento al escrutinio público, porque no se trata de un asunto de índole meramente particular, ni mucho menos reservado, ya que es claro que se involucran caudales importantes que claramente provienen del tráfico de influencias. Sí, se trata de una afectación al erario federal, y, por tanto, de un asunto de orden público y de interés social, excluyendo la timorata elusión basada en linderos o límites que aquí no aplican. Abundante información que se ha hecho pública hace evidente que son muchas las empresas y sujetos que operaron en su entorno, quienes formaron fortunas de la noche a la mañana apoyados en turbias contrataciones.
Decir que ellos no son beneficiarios directos de un esquema de desvío de recursos públicos es faltar a la verdad. Por tanto, no están ellos protegidos por “entendidos” que suelen velar por la privacidad que envuelve y exime a la familia de los políticos, ya que ellos, dolosamente, se sirvieron de una privilegiada posición, torciendo el servicio público en su favor, lo que los hace todo, menos terceros inocentes.
Todo delincuente huye, aunque no lo persigan, proceder que señala, tanto a Felipe Calderón, como ahora, a los cercanos parientes del que antes fustigara, con dedo flamígero, a quienes llamaba fifís. Todos ya buscan otra nacionalidad y poner miles de kilómetros de por medio. No es la falta de congruencia lo que llama la atención, sino que ya raya en el cinismo y el descaro la forma en que se conducen los que, sin más razón que su dicho, se asumían de izquierda.
Es claro que, quienes jamás tuvieron, por falta de talento, hechuras y fecundo trabajo, ahora, como Fernández Noroña, se aferran a lo que el río revuelto les metió a los bolsillos. Fueron décadas de extender la mano para pagar las cuentas, y ya no están dispuestos a seguir viviendo con lo que cabe en un sobre amarillo.
Quieren vivir como si aportaran efectivos beneficios a la sociedad en la que viven, cuando jamás han creado empleos ni generado utilidades en el comercio, en la industria o en el campo profesional. Mucho menos han declarado ni pagado contribuciones que, de alguna manera, pudieran explicar el notorio dispendio. Su historia se mide en saliva, vituperio y empujones callejeros, y de eso la nación no vive ni mucho menos prospera. Los gritones politiquillos aún no han desquitado, ni en forma alguna justificado, la condición financiera que impúdicamente ostentan. López no dejó un legado, sino un botín, y eso es motivo de vergüenza, no de orgullo.
