Matemática a lo Ebrard
Los corifeos indican que las tarifas son contrarias al T-MEC, como si a Trump le importara la supervivencia del esperpento
Por si alguien aún albergaba dudas, Marcelo se ha encargado de dejar claro por qué no fue candidato, ni será presidente. El nerviosismo lo invade, llevándolo a cometer constantemente errores; vive en la frívola precipitación. Hasta ahora, asumiéndose secretario de Hacienda, ha impulsado operativos y medidas de comercio exterior que regresan al país a los años 60. Para los conocedores del sector, queda claro que las aduanas han llegado un punto de inmovilismo e inoperatividad, dada la regulación visceral que, bajo el pretexto de combatir el narcotráfico, en ellas se han adoptado, sí, a petición suya.
Acudió al tinglado palaciego para formular extrañas y poco serias teorías, con las que pretende armar una narrativa que lo presente como el administrador público que quisiera ser. De por sí, los economistas han mostrado no ser los indicados para hacer frente al intrincado escenario, ya no se diga él, que carece de conocimientos, expertise y roce internacional con los grandes tiburones del sector. Ya ve, Ildefonso lanzó su credibilidad en prenda, y la perdió.
Presenta un pseudoanálisis en el que anota “dizque hallazgos”, que muestran un supuesto efecto negativo en los Estados Unidos de América, sin embargo, el asunto es infinitamente más complejo que el ramplón escenario que dibujó. Por un lado, refiere la compra de camionetas, refrigeradores y pantallas, como si fueran productos de consumo cotidiano, del que no pueden los estadunidenses prescindir por más de un mes. Falso. Por otro lado, esquiva el hacerse cargo del no saber, ni remotamente, lo que Trump hará con los recursos captados, asumiendo que esos enormes caudales no se destinarán a financiar el conflicto, esto es, si repartirá subsidios a diestra y siniestra.
Los corifeos, pasando por los chayotubers, que, dentro y fuera del gobierno, replican como mantra los argumentos de su patrocinador, indican que las tarifas son contrarias al T-MEC, como si a Trump le importara la supervivencia del esperpento. Aquí lo dijimos hace meses, entre las opciones que allá han analizado está poner fin a tal tratado. Otros, presumiendo sapiencia jurídica, señalan que se violenta la sección 232 del Acta de Expansión Comercial, sin saber que, al más puro estilo de la 4T, Trump aplica la ley como le viene en gana, sabiendo que, para cuando algún tribunal señale que se ha obrado ilegalmente, ya será demasiado tarde, pues el objetivo se habrá materializado irreversiblemente, haciendo pedazos al destinatario de su estrategia.
López acusó, denostó y aprisionó sin fundamento ni prueba alguna, sabiendo que una medida atrabiliaria surte los más perniciosos efectos con su mera ejecución, siendo irrelevante si meses o años después es revertida. Poco importaron las sentencias, quebró, avasalló y privó de bienes, derechos y posesiones a quienes no le rindieron culto. Hoy, la misma receta aplica el poderoso vecino, y lo mismo pasará, bastarán unas semanas o meses para conseguir el objetivo.
Aunque torpemente, supuestos expertos detectan ilegalidad en el actuar de Trump, éste, como lo hiciera López, se saldrá con la suya, ya que ambos sólo conocen una ley, la de la selva. Habrá dramáticos y hasta penosos petro-rasgados de vestidura, pero, el que a hierro mata, a hierro muere.
Exportar no es optativo. Bastan algunas semanas para que el estrago arrodille a quienes finalmente recularán, cederán, y hasta bajarán los precios, asumiendo el arancel. Es una estrategia de estrangulamiento, donde el tiempo es crucial, y poco aprovecha al estrangulado, lo que le pase al estrangulador una vez que aquel ha expirado.
