Los otros muertos del PG
Como Santa Anna, no soportará el escrutinio histórico, y será puesto en un lugar de vergüenza en los anales del país.
Calderón declaró la guerra, pero el PG, la incondicional rendición de los mexicanos. Por desgracia, hubo más muertos en la segunda, que en la primera. La política de brazos cruzados o de abrazos fue incomprensible, y muy letal. Pasarán décadas, pero será imposible construir una narrativa sensata, creíble y racional para tan absurda decisión, que no hizo sino encubrir un deleznable pacto con el crimen organizado, en cumplimiento de la promesa hecha en campaña por el candidato que dijo que, a cambio de apoyo territorial, ya no perseguiría a los narcotraficantes. Les cumplió a ellos y nos traicionó a todos.
Pero una vez que se asiente la polvareda, y se vea con perspectiva histórica ese lamentable y vergonzoso ejercicio que el PG denominó la Cuarta Transformación, se verá con claridad una sociedad depravada y decadente que vio, en entregar el mando a una pandilla de rufianes, la ocasión para desplegar su venganza y retaliación en contra las clases acomodadas. Era tanta la rabia, que les cegó. Siguen pensando que, en algún momento, algo provechoso sacarán del lance, pues aquél les embarró y sambutió el tesoro nacional a modo de programa social.
Nada más falso, triste y penoso, se usó y se abusó de lo acumulado por décadas, para vestir un sainete, en el que un pillo jugó el dedo en la boca a lo que nos dijeron era la mayoría del electorado, cuando, en realidad, cada día queda más claro que, ese bufonesco tinglado conocido como el INE, fue burlado una vez más. Fue un narcofraude, y el tiempo lo dejará claro.
Los muertos comprobados, y el abultado número de desaparecidos, que por desgracia sólo aumentaran en muchos casos el primer concepto, son llorados y anotados en la cuenta de un presidente que reprobará el examen de la crónica nacional. Como el otro López, De Santa Anna, no soportará el escrutinio histórico, y será puesto en un lugar de vergüenza en los anales del país. Claro, primero, los entorilados y ciegos de furia, tendrán que recobrar la sensatez, la racionalidad, y, sobre todo, la decencia. Tendrán que ver, de forma humillante, que militaron al lado de lo peor que tiene nuestra nación.
Pero, a diferencia del michoacano, servil mascota que vive de quienes le compraron, el PG tiene un karma imposible de lavar durante generaciones. A diferencia de esas cuantiosas sumas que, en efe, componen su caudal financiero, el cual seguirá pagando francachelas, excesos y festines de su prole, la muerte de millones de mexicanos, que perecieron por sus imprudencias durante la pandemia; por la necia pretensión de hacerse del negocio de las medicinas, arrebatándolo de quienes las proveían, así como por la estulticia mostrada al tratar de armar un esquema para surtir de medicamentos a niños con cáncer y a otros enfermos terminales, no le dará paz a él, como a ninguno de los suyos, quienes le negaran antes de que el INE cante tres veces. Algunos, hasta repudiaran el parentesco. Al tiempo.
Quienes le acompañaron y crecieron junto a él, desarrollaron una dureza facial, cinismo y descaro de proporciones descomunales. Eso les hará seguir defendiendo el bastión, hasta que se vayan quedando solos, y ya no haya cárteles que les hagan fuertes, porque, se crea o no, tarde o temprano esa marabunta de criminales, si no desaparecerá, sí mermará mucho su presencia, poder y ascendiente entre la clase política, a la cual, “alguien”, le tendrá que arrebatar el mando, ya que no supo para qué sirve.
Cuando se hable de los muertos del PG, la cifra tiene que integrar no sólo a los caídos por hechos violentos, sino también a quienes perecieron durante la emergencia sanitaria, o esperando medicamentos.
