La nómina del mal

Hoy, se condonan impuestos a quienes mandan dinero por la vía de remesas, sí, se deja de cobrar impuesto al ingreso más relevante de los mexicanos.

A pesar del difícil momento que vive la economía de los Estados Unidos de América, el dinero fluye desde allá como si se tratara de una economía boyante y con remanentes. Los caudales, dicen los políticos, se componen de manera significativa de apoyos que reciben los trabajadores por parte del gobierno de aquel país. Pero lo cierto es que la pandemia, la cesación de esos apoyos e, incluso, el cierre de empresas, no impactaron el volumen de los recursos que desde allá vienen.

Ante lo ocurrido en los últimos tres años, sólo quedan tres caminos para quienes analizan tal torrente. El de la inocencia, pensando que, en efecto, los paisanos, pase lo que pase, mandan el dinero hacia acá, en suma tal, que son la principal fuente de ingresos del país; el de los cómplices, que aplauden que la suma importada cubra los deficientes de empleo y productividad en México y, el tercero, el de quienes hace años nos dimos cuenta de que hace mucho no hay incautaciones de efectivo, y que el dinero que llega de fuera, tenga el origen que tenga, haya pagado o no impuestos o claramente provenga de actividad criminal, es bien recibido sin hacer preguntas.

Hoy, se condonan impuestos a quienes mandan dinero por la vía de remesas, sí, se deja de cobrar impuesto al ingreso más relevante que tienen los mexicanos. Se permite el libre ingreso al sistema financiero mexicano sin hacer preguntas. Sí, se lava de manera industrial y sin recato. Se encubren y fomentan actividades criminales. Sí, no se golpea a quienes han hecho de todo tipo de actividad ilícita su forma de vida. Se abrazan, desaforadamente, los recursos financieros que suplen la falta de crecimiento, de desarrollo legítimo y de empleos en territorio nacional.

La lógica haría pensar que, entre más gente expulse la economía mexicana hacía el exterior, se registraría un directo incremento en el opaco ingreso. Sin embargo, es claro que ninguna relación guarda la decreciente emigración con el aumento incesante y progresivo de remesas hacía nuestro país, lo que nos hace pensar que ya no sólo son los cárteles los que han encontrado y empleado la forma más holgada, vulnerable y efectiva para bancarizar efectivo.

El indiscreto amor que ha surgido entre el cacique y exitosos candidatos que en el cono sur han conseguido alcanzar el poder con multimillonarias campañas hace girar el reflector hacia un sector al que no se quiere que mire el INE, y que, con las reformas de un Congreso sátrapa, seguramente ya no podrá fiscalizar.

Los movimientos financieros hechos por políticos de otros países, empleando el sendero de la remesa, resultan indetectables al llegar, y más, al salir, reprocesados por la vía de bancos sin efectiva supervisión. Muchos de éstos han dejado claro que su única meta es aumentar el balance. Qué decir si un partido hermano recibe y gasta lo que no está a su nombre, pero hace lo propio con alguna otra opción política, de distinto país, que requiere apoyo, la cual lo regresará a triunfar en su proceso comicial.

Hay quienes objetan lo observado, señalando que se precisaría armar la más grande operación financiera multinacional de uso indebido de capitales con objetivo político. Lo que se dice sin valorar cabalmente los resultados electorales, así como la inexplicable lealtad que existe entre los protagonistas.

En la pesquisa, resulta relevante el descifrar qué país podría fungir como cámara de compensación o entidad central de favores pagaderos con dinero oscuro. Para ello, debe determinarse cuál cuenta con la estructura adecuada y la mejor excusa para procesar miles de millones de dólares de transacciones no regulares.

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