La cuarta traición
La pregunta es de dónde salió lo gastado, al no ser creíble que provenga de los austeros sueldos que dicen haber cobrado en cargos públicos
Los mexicanos hemos perdido la capacidad de hacer los cuestionamientos correctos. Esto es, lo relevante no es saber si los políticos hacen gastos excesivos con el dinero público o con el que ya se embolsaron. A final de cuentas, se trata del dinero de todos, la única diferencia es que cambio de manos, sí, que ya se lo robaron.
El decir que se ha pagado de la propia bolsa es una excusa ridícula, pero, sobre todo, falaz. La pregunta es de dónde salió lo gastado, al no ser creíble que provenga de los austeros sueldos que dicen haber cobrado en cargos públicos. Ellos, apenas darían para un apretado y modesto modo de vida. Mario Delgado hace décadas que vive del presupuesto, pero tiene mucho más que un empresario exitoso, ése que nunca fue. Al fin de cuentas, neoliberal de clóset.
Es bien sabido, y pronto será de amplio conocimiento, que López usó una ficticia labor editorial para justificar enormes cantidades que se le depositaban. Mañosamente abusó de una fuente no bien fiscalizada. Su editor tardó mucho en pedirle que se diera de alta y le pasó muchas jugadas raras. Aunque durante años nunca vimos sus libros en anaqueles, sus necios panfletos, escritos por ayudantes, se “vendían” más que la Biblia, el Corán y el Talmud juntos. Ahora, sólo falta que nos digan que su “prospera” cónyuge también ha acumulado una importante fortuna por su “labor académica”.
Se esconde la mano que roba, pero no la que gasta, así que no hacen falta investigaciones, salta a la vista que no cuadra la evolución patrimonial de todos esos personajes cuyas declaraciones fiscales deben ser transparentadas inmediatamente. Gastan fortunas y, ni sumadas todas sus percepciones, aun sin restar gastos de manutención, podrían explicar sus despropósitos y excesos. No hay morenista parlanchín que pueda dar cuenta de casas, vehículos, viajes y francachelas. Se han robado más que priistas y panistas juntos. Son la vergüenza de México.
La extorsión; la venta de insumos para obras faraónicas; el contrabando de combustibles; la venta de concesiones y permisos y, sobre todo, la tolerancia al crimen organizado produjeron caudales que permitieron comprar elecciones, y hasta un país. Pero, la gasolina que falta, es ésa, la que traficaba la ilícita red de la transformación. Se acabó el electorero espejismo, el precio subirá. Decir que se combate la corrupción, la impunidad y la ilegalidad es ya una broma que se cuenta sola.
Extorsionaron a todo “adversario” que se cruzó a su paso, pero ahora vivimos una nueva etapa. Ajustarán cuentas para eliminar a rivales en el terreno político, ello, poniendo a rodar las cabezas de aquellos que son obstáculo para seguir trepando. Adán fue el primer chivo sacrificado, pero vendrán muchos más. El incentivo perverso es evidente, para calmar al respetable, los de adentro irán entregando a los que estorban. De la extorsión pasarán a la traición.
A los cuates, les congelan cuentas varios meses después de que son acusados, permitiéndoles, así, poner a salvo el botín; a los demás les arman montajes para privarles súbitamente de los más elementales recursos de subsistencia. La labor de Nieto y Gómez deja claro que tuvimos una perniciosa policía política, sí, una Gestapo que fungía al mismo tiempo de vergonzosa tapadera del morenismo. Esperemos que su inculpatoria salida, hasta hoy impune, dé paso al rescate de las labores de inteligencia financiera.
La moraleja, además de ser un buen escondite, es lastimosa, somos, nos hacemos o nos han hecho. Queda claro que los que no son cómplices por ilícita acción, lo son por omisión. Aún viven en paz AMLO Babá y sus cuarenta programas sociales.
