Inoportunidad
Un solitario Lozoya personifica el fantasioso combate que constituye el eje central del discurso.
Ha expresado sobradamente el cacique que el mayor problema del país es la corrupción e, incluso, impulsó una reforma constitucional para que ésta se considerará delito grave. Ningún código penal contiene descripción típica que la defina, a pesar de ello, y de que se mantienen los tipos anteriores a dicha reforma, la prisión preventiva, como vaso de agua, no se niega a ningún acusado por la 4T.
Hoy, ha llegado el momento de hablar de los resultados en el combate al tan cacareado flagelo, y sí, la respuesta es contundente, López no ha hecho nada. Saliva es lo único que deja el de Macuspana. Intocados están quienes estelarizan sus cada vez más aburridas historietas, narradas en las conferencias que no son conferencias, sino tertulias en las que sólo se cuentan cuentos.
En prisión, un solitario Lozoya personifica el fantasioso combate que constituye el eje central del discurso que nos receta diariamente el residente de la Guarida Nacional. Gertz sabe que la ley impide otorgarle un criterio de oportunidad, no sólo porque el juicio ya ha iniciado, sino también porque el Código Nacional de Procedimientos Penales le ha puesto en un insuperable brete.
Así es, para tramitar dicho criterio, la FGR tendría que reconocer y dejar sentado que la conducta de Lozoya no involucra delitos que afecten gravemente el interés público, sí, que se trata de pecadillos menores que no ameritan que se siga el proceso criminal. En pocas palabras, el fiscal tendría que soltar al único acusado que ha podido procesar, reconociendo previamente que la acusación trata de asuntos intrascendentes.
Vocifera el otrora funcionario que están probados los sobornos dados a legisladores que apoyaron la reforma energética, cuando sabe que ya nadie está recluido por ese tema y que, lejos de ser descargo de su causa, le involucra aún más en conductas punibles, ya que la posesión de los videos, adicionada a la posesión del cargo que resultó beneficiario de la ilegal jugarreta, lo ubica como figura central del delito de marras, sin que “lo probado” incrimine a nadie más, dado que su interesado y subjetivo dicho es el único que apunta, con dedo flamígero, a sus otrora patrocinadores.
¿Realmente habrá quien piense que con una campaña mediática la sociedad mexicana clamará por la aplicación de un criterio de oportunidad? Porque, hasta ahora, todo apunta a que ya no habrá acusaciones que conduzcan a aprehender peces gordos de la pasada administración. Murillo Karam pagará los platos rotos de una de las tantas verdades históricas que nos han contado, a las que seguramente se sumará la histórica verdad que están armando para enturbiar las investigaciones del albergue incendiado.
Ni aun entrando un exsecretario peñista a prisión el asunto podría cambiar de derrotero, ya que el valladar establecido en el ordenamiento punitivo, desde su origen, hizo inviable un criterio de oportunidad. Lozoya dijo que tenía tiempo y dinero para derrotar a sus acusadores, posiblemente los tenga, lo que no ha tenido son buenos argumentos para esgrimir prescripción y falta de tipicidad, pero es claro que prefiere apostarle a un hocus pocus mediático para librar la cárcel.
Todavía es pronto para saber si el Poder Judicial federal pondrá fin al lastimoso espectáculo que campechanamente se ha bautizado como “la mañanera”, pero lo real es que lo que inevitablemente se acabará es el tiempo del histrión que lo dramatiza. Desde su rancho no habrá forma de montar el costoso evento ni tampoco habrá tapadera que pueda dar vida al pintoresco personaje, una vez que López se retire. Ese formato se arrumbará junto a la catafixia.
El gobierno se ha endeudado, no cumplirá lo ofrecido, quedará a deber el combate a la corrupción.
