¿Inflación en 4.5%?
El BID y el Banco Mundial, a cambio de una buena aportación, pueden becar a quien sea.
En México, lo sabe cualquiera, lo único barato es la política. Con la desaparición de los autónomos, sólo quedarán instituciones que operan con ciega lealtad, por lo que, el Inegi, que apenas se encontraba haciendo pininos en eso de hacerse de algún prestigio, caerá en la barranca del chacoteo, y dirá lo que tenga que decir, para seguir manteniendo la apariencia de que todo está en orden.
El hecho de que corporaciones disfrazadas de organismo internacional, como la OCDE, le sigan la corriente, no es sino producto del pase de charola que hacen año con año, para que en el presupuesto se prevean las absurdas cuotas con las que viven opíparamente quienes ahí laboran, sin hacer ni aportar nada, a los países miembros.
Los diagnósticos, dictámenes, y más, las recomendaciones que ha hecho esa instancia conocida como el “club de los ricos”, en nada han servido a los mexicanos, siendo tan inútil como la OEA, la CIDH, y toda la burocracia internacional que vive en el boato, sin servir al propósito que inspiró su creación. Es verdaderamente vergonzoso que, con el nivel de déficit que registra México, se programe el pago de tan onerosas cuotas a cambio de nada.
El lugar que se piensa se ganó Gurría, fue más bien comprado, llegó ahí al ser un buen interlocutor con los países que mas aportan al ramplón cenáculo de funcionarios que no encuentran ocupación en su país de origen. Lo mismo pasa con el BID y el Banco Mundial que, a cambio de una buena aportación, pueden becar a quien se quiera poner en la congeladora burocrática. Sin embargo, dado que él ya no contaba con ascendiente para seguir garantizando la llegada de la cuota azteca, nos lo regresaron, y se buscaron otro agente promotor.
Dice la señora Presidenta que, antes de comprar armas, es mejor destinar el dinero a mantener los programas que aseguran el éxito al partido oficial, lo cual, tiene todo el sentido, dado que para dar abrazos al crimen organizado no se requieren armas ni mucho menos equipo de vanguardia que permita mantener a raya a quienes se han apoderado del país.
Pero ya que está en el plan de sopesar gastos inútiles, bien haría transparentando el costo de chantaje que seudoorganismos, como la OCDE, cuestan al país, a cambio, claro, de no criticar ni señalar la falta de seriedad con la que se toman decisiones verdaderamente ruinosas.
A ver, una cosa es expatriar a Juan Ramón de la Fuente, para que no creciera como posible candidato opositor, y otra, pensar que él tiene la más remota idea de lo que es el servicio exterior mexicano, aun cuando haya estado de paseo diplomático a lo largo del sexenio pasado, sumándose a cuanta iniciativa le sonaba progresista. Cuando se exige experiencia en el exterior, ésta no se cuenta en años en el exilio, sino en efectivos resultados que apunten al merecedor de la Cancillería.
Es a tal grado ridícula la artificial posición de nuestro país “en el concierto de las naciones”, como diría López, haciendo refrito de una frase de documental tricolor setentero, que ahora, con un país que no pinta en decisiones relevantes en la ONU, nuestra legación impulsa una iniciativa que propone mayor severidad al aplicar sanciones por crímenes de lesa humanidad.
Si los neocavernícolas leyeran con calma la definición convencional de ese tipo de crímenes, se darían cuenta de que la purga ideológica que practica el partido en el poder, así como la vulgar y grotesca fórmula para acosar a un segmento perfectamente perfilado de la población, erradicando toda posible oposición, surten a cabalidad el tipo penal que ahora quieren se castigue duramente.
