FentanAMLO
La estrategia de ir cerrando el círculo gradualmente queda a la vista, y aunque aquí tardará más que en Venezuela, todo apunta a que es la misma.
No, el verdadero líder de La Barredora no está en Paraguay, sigue aquí, operando y tejiendo redes que encubren los turbios negocios del crimen organizado. Quienes hemos cruzado palabra con Adán Augusto no sólo percibimos un muy pobre uso del español, sino que, rápidamente, advertimos a un sujeto de muy cortos alcances, incapaz de ser la mente maestra de nada. A lo más, un servil mensajero y cobrador.
El macuspano siempre se rodeó de estos personajes, lerdos y sumisos, de ciega lealtad, incapaces de armar o desarmar nada. La torpe forma en que enseñaron el cobre, pero, sobre todo, la plata, demuestra que no son los que controlan y articulan. El gobierno del vecino país lo sabe, como también sabe que no se detendrá la maquinaria que produce la sustancia que aquel negó, una y mil veces, se produjera aquí, hasta que vayan por él. Se podrá decir mucho, pero lo real es que la estrategia de ir cerrando el círculo gradualmente queda a la vista, y, aunque aquí tardará más que en Venezuela, todo apunta a que es la misma.
De ser congruentes y consistentes, los que ahora tienen el pandero extraditarán a Bermúdez tan pronto como llegue, ya que tiene las cualidades que motivaron la forzada expatriación de otros operadores que ya fueron entregados. Pero no será tan rápido, todo apunta a que Peña, el centralbanker, sí, el otro que ordenó la captura, no es tan obsequioso como aquellos presidentes que recibieron cuantiosas ayudas para hacerse a la mala del poder. Es posible que dé a Washington la oportunidad de exprimirlo antes de que nos lo manden. Podría pensarse que es extraño que el apresado optara por ese país, ése no es comparsa ni cómplice de quienes lo persiguen. Quizá fue por eso que lo escogió. Alguna extraña circunstancia lo delató, y mucho tiene que ver la ya proverbial afición que tienen los cuatroteros por el boato.
No hay escándalo que no tenga un vistoso camino hacia un único jefe máximo, ya no de la transformación, sino de la corrupción. A menos de un año de que dejara el puesto, ya asumió la posición como el más corrupto sujeto que gobernara estas tierras, el periodo azteca incluido. Es también ya más que evidente, que quienes piensan que es un honor estar de su lado, no pueden ser sino cómplices o, al menos, oscuros beneficiarios de quien no es sólo impresentable, sino también indefendible.
El crujir de Morena, que se parte a paso veloz, pone en riesgo la coherencia de un gobierno que se encuentra a unas cuantas semanas de ser puesto a prueba. La magra oposición, que no pasa de ocurrencias y jaloneos, sigue sin tener una voz dotada de credibilidad y de hechos que le arrienden autoridad moral. Los gimoteos de Anaya, zar de la indignación, están bien para un legislador, dado que ellos sólo son expertos en hablar de lo que hacen los demás, pero que son incapaces de brindar soluciones a los problemas nacionales.
Se ha perdido una generación en la formación de funcionarios, la escasez de personas aptas para ocupar las posiciones es ya inocultable. El aparato oficial se aferra al autoritarismo, dado que tiene la capacidad instrumentadora descompuesta. El dinero se acabó y ahora tendrán que armar, o permitir que otros armen, el andamiaje que permita la sostenibilidad de la nación.
No es sólo México, el mundo entero está cambiando, un nuevo orden está emergiendo, y como siempre, será lo financiero lo que acabe de dejarlo claro. El próximo año tiene todo para ser cataclísmico. En lo político, la lista de candidatos a diputados y la fatídica oportunidad de revocación de mandato pondrá a todos los guindas unos contra otros, y lo que menos les importará es la suerte de los ciudadanos.
