Fearshoring
El problema está en que no contó con que el gobierno del vecino país, pudiera encontrar ventajas en procesar a personas cercanas a él.
La peor faceta del tabasqueño está aún por verse. Muchos creen que, a medio sexenio, cuando todo era para arriba, conocimos el peor lado de quien se hizo de la Presidencia de la mano de perversos intereses, ésos, que supieron burlar a las autoridades electorales. Pero no, es inevitable que la paranoia haga presa de quien se encuentra a unas semanas de entregar la banda.
Se trata de un furibundo sujeto que nunca escaló posiciones en la burocracia. Fue a través de empujones y gritos que se convirtió en el más notorio antilíder que ha tenido el país. Las buenas formas no son lo suyo.
Aprendió a hacerse de apoyos dinerarios amagando a funcionarios federales, fondos de los que no quedó registro alguno, jamás nadie le pidió recibo. Lo mejor era que no tuvo que dar cuenta a nadie de lo que empezaron siendo pequeñas fortunas, pero que terminaron siendo torrentes pecuniarios, capaces de mantener a varias familias sin trabajar. Tales fondos le permitieron hacerse de una corte de aduladores que le acompañó por todo el país, cerrando los más negros e inconfesables pactos, con lo peor de lo peor.
Después de esquilmar impunemente a las autoridades de la localidad, decidió dar el siguiente paso. Emprendió la infausta y negra cruzada que le llevó a las oficinas de la Secretaría de Gobernación, donde, con tal de que se regresara al pantanal del que había salido, le llenaron las alforjas.
El resultado se consiguió, regresó al terruño, pero sólo para hacer de la confrontación, la polarización y los acuerdos en lo oscurito, una forma de vida. Claramente, González Pedrero lo supo guiar. Juntos armaron una quinta falange dentro del tricolor. Sin embargo, al pupilo le gustó tanto el dinero, que no se conformó con ser parte de un proyecto en el que le asignaron el papel de cuetero.
Estamos cercanos a cumplir 40 de años de que se entramó un poderoso trabuco de cash que catapultó a un aventurero del lumpen burocrático a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Gracias al esquema, los suyos pudieron fingir ser de izquierda, así justificaron su camino a la silla, sin tener chamba. Dieron una grosera lucha, en la que los peleadores eran opulentos desempleados.
Es timbre de orgullo para ellos el poder pagar casa, vestido, alimentación, y hasta vistosos viajes, sin una fuente de ingreso clara. Simplemente, por arte de negra magia, siempre tuvieron para sufragar gastos, bien, simulando herencias o inventando muchas otras fantasías que ellos piensan explican cómo, los más encumbrados próceres de ese movimiento jamás tuvieron que checar tarjeta. Sus registros federales de contribuyentes no se mancharon con retención alguna. Lo más parecido a trabajar que ellos conocieron fue el ocupar curules, en las que adquirieron doctorado en mentadas, denostación y descalificación.
El cacique hoy está inquieto, ya que advierte que sólo mantuvo la vista en las variables nacionales. Con la revocación de mandato puede negociar cómodamente sentado en el sillón del retiro, y ya no necesita sobres, portafolios ni maletas, el tesoro acumulado para su traslado requiere de tropas, furgones y va escoltado por el silencio comprado. Las cuentas son tan buenas, como las que alguna vez hiciera el general Cárdenas. Pero, aunque el gran andamiaje articulado le permite controlar a su sucesora, puede no ser suficiente.
El problema está en que no contó con que el gobierno del vecino país, pudiera encontrar ventajas en procesar a personas cercanas a él. Atizó, y así validó, el proceso extraterritorial en contra de García Luna. Sin embargo, puede sucederle lo que le pasó a quien propuso el ostracismo, sí, podría haber participado en la construcción del mecanismo que otros le apliquen, empezando por los de casa, quienes ya no ven cómo quitarse el pie del cuello.
