El nuevo payaso de las cachetadas

En la farsa electoral, impuesta por el partido oficial para suplantar a ministros, jueces y magistrados, se le vio lánguido, apocado y, sobre todo, mucho menos parlanchín que de costumbre. Ha estado escondido y silencioso, temeroso de usar calles y carreteras, así como ...

En la farsa electoral, impuesta por el partido oficial para suplantar a ministros, jueces y magistrados, se le vio lánguido, apocado y, sobre todo, mucho menos parlanchín que de costumbre. Ha estado escondido y silencioso, temeroso de usar calles y carreteras, así como de acudir a restaurantes y lugares públicos. El tabasqueño sabe que su nombre se enloda todos los días y que aún falta mucho estiércol en el que batirse. Se ha tragado sus palabras; se ha arrepentido de toda acusación, anécdota o crítica dicha a lo largo de los años, ya que los suyos, particularmente sus hijos y cónyuge, han incurrido en los vicios por él denunciados, ello, de la manera más lastimosa y vergonzosa posible.

El tiradero es enorme, y ahora no hay cortina de humo que lo esconda. Está a la vista el saqueo de las arcas públicas más grande registrado en la historia. Logró quebrar de la manera más tronante a Pemex y a CFE, poniendo en condición de ruina a las finanzas públicas. De nada le sirve decir que mal se las dejaron los de antes, ya que no sólo multiplicó las pérdidas ahí contabilizadas, sino que los escándalos de los funcionarios que él designara opacan al más bandido antecesor.

Los morenistas han advertido que el segundo piso de la transformación se construye hacia abajo, esto es, se trata de un oscuro sótano, en el que todo es penumbra, sordidez y opacidad. Acabaron con toda instancia de autoridad que pudiera hacerles pagar por las raterías y, sobre todo, que les pudiera extraditar. En su lugar pusieron un remedo a modo que no pasa la prueba de la risa. La ineptitud, la improvisación y la más grosera pillería son la marca de casa. En la histórica pirámide de la corrupción mexicana, él, y los suyos llegaron a la cúspide y será muy difícil que alguien los desbanque del vergonzoso lugar.

Recién, el macuspano ha caído en cuenta de que ya nadie le teme, sus secuaces se mandan solos y se despachan con la cuchara grande. Todos los días son de Hidalgo. En el pecado lleva la penitencia, ya no hay un poder judicial que ponga orden, y las leyes se aplican sólo a los adversarios, por lo que no sólo no lo necesitan, sino que precisan que le siga jugando al conejo viejo. Su sucesora es prodiga en sonrisas, y sólo el estiramiento capilar mantiene la tensa expresión con la que nos dice todos los días que no pasa nada.

Pian pianito empezó un perverso juego de las sillas, en el que, de no sé dónde, aparecen indicios, acusaciones y hasta pruebas de que alguno de sus cercanos algo tiene de narcotraficante o, al menos, de cómplice de ellos. Cada mes, uno de los otrora ujieres de su alteza morenísima cae en desgracia, candidateándose para embajador. Al ser una narcocracia, nada de raro tiene que los diplomáticos ahora reflejen esa condición. ¿Quién más representativo que alguien que de eso sabe?

Sí, no hay treta, negocio o pecado en el que no se lleve de calle a Peña, Calderón, Fox y hasta al propio innombrable. La Casa Blanca parece choza al lado de la mansión de la Moraleja. El desorden generalizado en el que todos reman para su molino sin temor alguno continuará imparable, saben que la inagotable veta de las fortunas que mandan al exterior ya no depende de él.

Por eso, al referir al crimen organizado; al baño de sangre; al desfonde del erario y, claro, a las pifias de un gobernante carente de preparación para rendir buena cuenta, viene a la mente de los mexicanos de bien, aquel que decía, sin razón ni sustento alguno, que era honesto y valiente. Ni lo uno ni lo otro. Hoy, es sujeto de escarnio y burla, es el nuevo payaso de las cachetadas.

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