El investigado investigador

¿Sacará ases de la manga?

Zapatero, a tus zapatos, reza el refrán. En buen español, hay que ocuparse en lo que uno sabe hacer. Hoy, quienes saben hacer monos, telenovelas o narrar revueltas ocurridas en Centroamérica han decidido pontificar acerca de si hay, o no, investigaciones en el vecino país que involucren al tabasqueño.

Ninguno de ellos ha dedicado cinco minutos de su vida a la investigación de ilícitos, ni han tenido contacto con instancias de procuración de justicia, pero, afirman, categóricamente, que no existe la investigación que causara el tutupiche. A sabiendas de que jamás han impulsado acciones que lleven a delincuentes a purgar pena alguna, ni han cursado, exitosamente, acciones ante el ministerio público, les da por hablar de más.

Aclarado lo anterior, debe decirse que procesar acusaciones en el orden penal tiene muchas reglas y directrices rectoras, pero, sin duda, la primera, es que el investigado no sepa que está sujeto a seguimiento, indagatoria o pesquisa. Ya que, de lo contrario, éste se ocupará, con ahínco, de eliminar evidencia, al tiempo de suspender comunicación con sus compinches, llegando al extremo de tomar medidas para evadirse cuando perciba que ya vienen por él.

En caso de que el investigado pregunte si existe expediente que dé cuenta de sus pillerías, sólo mediante orden judicial, que conmine a las instancias investigadoras a revelar la existencia del sumario, aquel sabrá, con certeza, que andan tras sus pasos, pero lo normal es que las autoridades del ámbito criminal sean esquivas y que contesten a medias, o, definitivamente, miren a otro lado al ser interrogadas.

Parece cándido, ingenuo y, hasta iluso, que quien porta una investidura, o resulta indispensable para implementar decisiones del gobierno a quien pertenece la agencia investigadora pregunte si lo escuchan, siguen o revisan. Pero ya de plano es hilarante, el que pregunte si debe tomar medidas defensivas, evasivas u ofensivas, máxime, si detenta medios y recursos que pueden afectar, alterar o perjudicar la pesquisa.

Un diplomático se dedica a la diplomacia, esto es, a gestionar e impulsar acciones para que los intereses del gobierno al que representa y de sus compatriotas prosperen en el país en el que ha sido destacado, no a administrar las agendas o estrategias de los departamentos o agencias con los que no tiene más que una relación de burocrática convivencia.

Hemos escuchado a la canciller Bárcena decir que una funcionaria, sin clara ubicación en la estructura de autoridad del país vecino, dice que otros funcionarios aseguran que no hay de que preocuparse. Pero lo real es que todos los que han pretendido disipar la atención sobre el escrutinio que debemos asumir se ha desarrollado empleando los más sofisticados instrumentos de auscultación, por no decir espionaje, han fracasado, brotando todos los días nuevos elementos, eventos y personajes que van dando consistencia a la versión que tanto preocupa al que abraza, y no lleva ante la ley a los criminales.

El alivio que sus seguidores muestran nerviosamente en todas las redes sociales, poco a poco, va perdiendo fuerza, ya que los titulares de las áreas de procuración de justicia en los Estados Unidos no han dicho “esta boca es mía” ni agendan reuniones con funcionarios de esta administración. La frialdad con que Biden recibió una llamada de queja por la alegada investigación, dice mucho, como también que haya sido el vocero de la concordia quien salió a dar posición.

El que nada ha hecho, ahora ha caído en cuenta de que es hora de temer. Momento difícil para quedarse inmóvil, ya que es durante la elección cuando las fichas sobre y debajo del tablero deben moverse para ganar la partida. ¿Sacará ases de la manga? o ¿preferirá quedarse quieto ante el oculto proceso acusatorio?

Temas: