El corralito de la corrupción

El desprestigio es peor que la sarna.

El capital político tiene límites, y no debe derrocharse sin ton, ni son. Claudia parece no saberlo, o no se ha dado cuenta de que paga un enorme costo por cargar sujetos que nada abonan a su triunfo, pero que, en efecto, son un pesado lastre en el camino que ha decidido emprender. A diferencia de su mentor, que se dedicó a hacer alianza con todo tipo de alimañas, a condición de que le sumaran votos y correligionarios, la candidata oficial se ha rodeado de personajes que cargan con un pesado bagaje de negras historias y cuentas por rendir.

No ha esperado a protestar el cargo, para tener que dar explicaciones y pasar penas ajenas, al ser cuestionada por la sospechosa y cuestionable trayectoria de su coordinador de campaña, quien es más conocido en el vecino país del norte, que aquí, sobre todo, por las agencias investigadoras, que han comenzado a formarle expedientes que tarde o temprano le estallaran en la cara.

Es claro que levantar el guante en defensa de Zaldívar es un gran error, cuyas consecuencias pueden ser demoledoras para la campaña, pero, sobre todo, ya en el cargo, dado que ha quedado al descubierto que no es la capacidad jurídica del ministro en fuga lo que le incorporó al equipo, sino una cómplice red tendida a lo largo y ancho del Poder Judicial federal, misma que sigue operando bajo las instrucciones del ahora investigado. Entre más apele éste a la dignidad, más serán los cuestionamientos del foro, ya que, con razón, es ella la que se le acusa no tener.

Son sus ya conocidas juezas y magistradas ideologizadas, las que más lo exhiben, dado que sus resoluciones son indefendibles, han sido, y siguen siendo capaces de torcer a más no poder las normas, con tal de velar por los oscuros intereses del oficialismo. Curiosamente, son otras juezas y magistradas, que no cedieron a sus amagos, quienes han dado el primer paso para dar la cara por el honor en riesgo de la judicatura nacional.

La purga de esbirros judiciales, que no cacería de brujas, no sólo es necesaria y obligada, sino urgente. Sin duda, Sheinbaum escuchó el canto del queretano sireno, viendo en él la oportunidad de superar cuestionamientos legales a sus decisiones. Pero la intentona ha fracasado, y seguirá desangrando su imagen en tanto quiera aferrarse a esta deleznable forma de coyotaje jurisdiccional.

Es muy pronto para valorar el paso de Norma Piña como presidenta del alto tribunal, pero, sin duda alguna, ésta será su más trascendente y lustrosa decisión, y le valdrá un lugar distinguido en la azarosa defensa de lo que queda del poder que Montesquieu considerara la boca de la ley.

Qué decir de la cómica propuesta para el combate a la corrupción. Si de lo que se trata es derramar saliva, sin conseguir sentencias firmes, ha encontrado a la fuente inagotable de tal fluido. Pasó por alto que los panistas que algún día apoyaron a Javier Corral, hace mucho lo abandonaron, y en Chihuahua, no son pocos lo que le consideran el peor gobernador que han tenido. Engolará decimonónicamente la voz con la misma contundencia que restará votos a la oficialista.

Es cierto que la ventaja con la que arrancó es considerable, pero el cargarse de lastre es un atrevimiento que verá reflejado en su imagen. Al momento, no ha habido quien le diga que el desprestigio es peor que la sarna. La insoportable arrogancia de sus adláteres cuesta y pesa más que los artificios mercadotécnicos que ha desplegado, y no habrá forma de superarla, si sigue entregada a fantoches.

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