El circo de Izazaga

Mal empieza el secretario de Economía, que debiendo ver cómo formalizar a los comerciantes, empezó por actos que dañan a los de acá.

Tomada cuenta de que el mercado negro en México alcanza los cientos, o quizá miles, de millones de dólares, el penoso espectáculo que dio Ebrard en días pasados da cuenta del ansia que tienen los exaspirantes a candidato presidencial de retomar campaña. En México, un decomiso de ese tamaño, tradicionalmente, correspondía a terceros o cuartos niveles de autoridad, siendo frecuentes en época navideña, cuando el baño de mercancía ilegal desborda los tugurios tolerados por los tres ámbitos de gobierno hacia las calles.

Preocupa ver al titular de la dependencia, cual pasante, acudir a presentar una denuncia que podría cursar un jefe de departamento de la Secretaría de Economía, máxime que involucra una cantidad ínfima de lo que se comercia en la zona. Lejos de ser meritorio, es señal de que nada mejor tiene que anunciar.

La extinción de dominio, tan socorrida en países de Sudamérica, con los años sólo derivó en enormes sentencias de devolución y cuantiosos pagos con cargo al erario, dado que, pasadas las administraciones que las llevaron al cabo, los emergentes políticos abandonaron las campañas del terror organizadas por sus antecesores. Mal empieza el secretario, que debiendo ver cómo formalizar a los comerciantes, empezó por actos que dañan a los de acá, en tanto que nada hace con el origen del problema, ése, que está en China.

El excanciller acusa a las aduanas de ser el lugar en el que la fiesta se lleva al cabo, sin tener un claro diagnóstico de las rutas, proveedores y dinámicas que hacen que la mercancía asiática de tan bajo precio, y peor calidad, compita injustamente con todo tipo de comerciante bien establecido. No, no hacen trámites en aduana, no se equivoque.

Después de haber ido dando tumbos, de fracaso en fracaso en los tribunales de los Estados Unidos de América, demandando a los fabricantes de armas, ahora ha cambiado de táctica. No presenta demanda en China en contra de los fabricantes, embaladores, embarcadores y remitentes de la mercancía que sale de Asia sin permisos de importación, aun a pesar de que es claro su origen, sino que aparece, de improviso, al final de la cadena, para, con dudosas facultades legales, hacerse a la fuerza de chucherías de poca monta, dejando más sabor a simulación, que de efectiva acción de la autoridad.

Hacerse de ese inmueble en nada cambiará lo que pasa, dado que la mayor parte de ese mercado es callejero. Tras haber pasado por múltiples pasillos que invaden vía pública, repletos de mercancía pirata, decidió hacer su show en un inmueble al que, sorprendentemente, encontró con bajos niveles de inventario. Para quienes conocen el alud de mercancías que en esta época usualmente ahí se albergan, el monto de lo incautado tiene tufo de entrega pactada.

Si 70% de las armas recogidas al crimen organizado motivó su acción internacional, acusando al gobierno del vecino país, habrá que estar atento cuando se entere del porcentaje de la mercancía ilegal que procede de China.

Pero ya que se lanzó al ruedo de la politiquería, habrá que preguntarle cuántas marcas y modelos de vehículos chinos se venden en México, muchos, sin agencias establecidas ni almacenes oficiales de expendio de refacciones, pero, milagrosamente, circulan refacciones y piezas en esos mercados callejeros que no le representan incomodidad. En tanto que con las armas montó un operativo que puso en tela de juicio lo que pasa más allá del Bravo, con la piratería, el problema se trata como doméstico.

¿Será acaso que el trato diferenciado confirma la preferencia que tiene Ebrard por el gobierno de Beijing?

Temas: