El águila sin alas
El bastón representa el mando, pero en este caso, no de quien lo recibe, sino de quien lo entrega .
Poco se ha hablado del bastón de mando. Se trata de un águila privada de lo que le permite volar alto, condenada a permanecer en el suelo. No se trata de una serpiente emplumada, sino de una de un águila desalada. El simbolismo que tanto gusta al de Tepetitán ha sido capturado en ese báculo que soportará su vejez.
Es cierto que tampoco se habla del águila en el escudo que ostenta el atril de López. Ella ha sido privada de la vista, por lo que la serpiente no teme ser atacada, el ave sólo da apretados abrazos. A diferencia del águila mocha de Vicente Fox, la del tabasqueño carece de ojos, se trata del águila ciega. Representa al electorado mexicano, que vive la peor pesadilla, víctima de su voluntaria ceguera. Los más pobres han decidido entregarse a quien, por ambiciones electorales, ha dicho les conducirá al paraje del bienestar, siendo incapaces de ver en el atolladero en el que los dejará. Basta ver el atril mañanero, para constatar que un gris manchón se aprecia en el lugar en el que alguna vez estuvieron los sagaces ojos del pueblo mexicano.
Hay que leer los abundantes simbolismos que acompañan el andar del residente de palacio. Seguramente, Sheinbaum desconoce el origen, bagaje conceptual y representación que corona el bastón que ha recibido. El mensaje es claro e inequívoco, aunque ostentará la máxima magistratura, ha recibido y aceptado un instrumento coronado por un águila que jamás podrá emprender el vuelo, quedando presa de un círculo interminable del que jamás podrá escapar. En el lugar en el que deberían estar las poderosas extremidades que distinguen al ave, hay sólo un hueco.
En todos los escudos que han llegado a ser símbolos patrios destaca y domina la existencia de alas batientes, así como una mirada dura y decidida sobre el mal, hoy crimen organizado. Pero en la que distinguirá a la favorita, ninguno de tales atributos es apreciable, será mansa criatura que requerirá le indiquen el camino, y, de volar, mejor ni hablamos. La garra del águila del bastón apenas acertará a dar el pactado abrazo.
No está posada sobre un Zócalo que le sirva de pedestal para emprender el vuelo, sino que está atascada sin remedio. El círculo que, ancestralmente, representa el movimiento es la 4T. El partido la tiene a la cabeza, pero no permitirá que sea libre. Es el terminante recordatorio de que existe la revocación de mandato, y que no resulta preciso venir a la capital para armar un motín revocatorio, si ella decide dejar de obedecer a quien todo debe.
El bastón representa el mando, pero en este caso, no de quien lo recibe, sino de quien lo entrega y encarga bajo el claro entendido de que puede reclamarlo, si no es usado en provecho del dueño, familiares y demás secuaces.
Para aquellos que tenemos raíces que nos anteceden varías generaciones en tierra mexica, entendemos que un águila sin alas tiene por delante una azarosa existencia, y que, poco o nada, podrá hacer contra una serpiente que puede escurrírsele con facilidad, sin que pueda alzar el vuelo en su persecución.
Esta tierra acoge a quien quiere hacer de ella su hogar, pero el significado, sentido y propósito de las águilas, en el imaginario de nuestros pueblos originarios, sólo se entiende siendo parte de su historia. Estos lares albergan los recuerdos de quienes, por generaciones, nos antecedieron, por lo que entendemos el mensaje sin mayor explicación. Los orígenes de Claudia son tan respetables como los de cualquiera, pero, sin duda, no son los del pueblo del águila.
