Ejemplar
A pocos meses de haber iniciado el segundo capítulo del apocalipsis mexicano, han destruido lo que fuera nuestra Constitución.
Los recién llegados han mostrado poca habilidad en el quehacer gubernamental, y demostrado que el uso correcto del lenguaje no es lo suyo. Dice la residenta de Palacio que Alicia Bárcena es ejemplar, olvidando que esa palabra no es sinónimo de eficiente, diligente o capaz, sino simplemente que es muestra o representativa de algo, y sí, en efecto, representa muy bien lo que es la 4T, aunque seguramente no es lo que quiso decir. Se trata de gente arrogante, sin méritos para ocupar los cargos que detentan, y que dice cualquier mentira para disculpar u ocultar sus errores.
La regla gramatical que hace de quien preside un presidente y de quien mora un lugar, un residente, ahora se podrá decir con “a”, porque los morenistas no gustan de seguir las reglas, sino de hacerlas pedazos, porque así se sienten dueños de la situación. El lepero español que habla el macuspano, ahora se mira en los libros de texto como ejemplar.
A pocos meses de haber iniciado el segundo capítulo del apocalipsis mexicano, han destruido lo que fuera nuestra Constitución, inaugurando una exótica forma de gobierno. Una república esquizofrénica, en la que el poder queda confiado a dos potestades, teniendo a lo que fuera la tercera dominada, sobajada y anulada. Era tan poco el peso de quienes integraran el pleno de ésta que, de un empujón, los hicieron a un lado.
Quienes hoy integran el Legislativo hacen como que siguen el plan trazado por la Presidenta, pero, en realidad, no hacen sino lo necesario para eliminar cualquier obstáculo que impida el que, dentro de cinco años, alguno de sus coordinadores resulte el indisputable candidato a la Presidencia.
Al no haber oposición, saben que asegurar la candidatura del partido oficial implica la certeza de obtener el puesto, por lo que han decidido comprarla a toda costa, siendo el poder que da el billete lo que hará la diferencia. En la política nacional ya no son el oficio; las alianzas, ni mucho menos la trayectoria, los que permiten hacerse de una candidatura, sino la capacidad para llenar los bolsillos de los arriba. Los sobres ya salen sobrando, el cash les brota groseramente por todos lados.
Los grupos que integran las cámaras no están al servicio de la residenta, sino de la conformación de gavillas regionales para repartir dinero, puestos, permisos y contratos, a modo de adueñarse de las principales fuentes de ingreso, creando, como sucedió en la revolución, autoritarios jefes de plaza, quienes, cual viles caciques, trafican con todo.
Sí, el cínico latrocinio ha formado una nueva casta de ricos, y ella, se ha hecho del control político de los distritos electorales, por supuesto, sin molestar ni agraviar al grupo del crimen organizado que controle la actividad delincuencial en cada región del país. El proceso arrancó cuando el tabasqueño dejó claro que usaría todo el poder del Estado para acabar con sus adversarios, mientras quitaba el reflector a sus operadores, los cuales, permearon la sociedad como la humedad, apoderándose a mansalva de todo. Para cuando los políticos de las viejas opciones quisieron dar la pelea, ésta ya había terminado.
La maligna horda avasalló al viejo sistema político, el cual, como puerco, se regodeaba en privilegios. Le cayeron encima huestes que en perversidad le superaban. De su escondrijo salieron los impresentables, para convertir a todo un país en su guarida, asunto que gustó y convenció a los cárteles mexicanos, que son la más poderosa organización criminal del mundo. Vieron las enormes ventajas de ser dueños de un gobierno. Todos ellos son ejemplo de lo peor, o, acaso, ¿alguien lo duda? Hay de ejemplares a ejemplares.
