Dueños de todo, dueños de nada

Hicieron del Legislativo un grotesco circo

Gabriel Reyes Orona

Gabriel Reyes Orona

México sin maquillaje

El plan era muy sencillo, anular toda posibilidad de enfrentar la ley. Se hicieron del Poder Ejecutivo, anulando la voz de todos los integrantes del gabinete, haciendo de ellos meros ujieres. Simple y sencillamente no cuentan. No sólo carecen de experiencia y capacidad, sino que son prácticamente desconocidos para la población, lo que hace prácticamente imposible que cualquiera de ellos haga capital político, sí, es imposible hacer trayectoria para ser candidato a suceder. Sólo Harfuch ha podido, a carpetazos, separarse de la 4T; no pertenece a ella ni su futuro dependerá de ella. Es más, es lo más parecido a la oposición que hoy existe.

Desde que llegaron al poder hicieron del Legislativo un grotesco circo, donde sólo se aprueba a ciegas lo que llega, al grado de que lo de “no mover una sola coma” es su divisa. Se dedican a hacer negocios sabiendo que,, mientras laman la yunta, no tienen por que preocuparse, sin embargo, la ambición los ha perdido, pensaron esconder la mano que roba, pero se les olvido que también debieron esconder la mano que gasta. Los excesos y abusos de los legisladores son escándalos del diario. Ningún legislador pensaría siquiera postularse a la Presidencia, después de que quedó claro, el sexenio pasado, que los dados siempre estarán cargados.

El Poder Judicial no tardó sino unas cuantas semanas para hacer agua. Propios y extraños admiten que no tienen la capacidad para tramitar el abrumador rezago, mucho menos para procesar, medianamente con apego a las más elementales normas de debido proceso, la enorme carga que es atender los reclamos de una ciudadanía que muere de hambre de justicia. Hay quienes se sorprenden por el impactante crecimiento de demandas en el Tribunal Federal de Justicia Administrativa, cuando, para quien conoce el foro mexicano, sabe que se quedó con lo más parecido a la suspensión del acto agraviante, ahí aún sobrevive la figura prevista en la Constitución después de haber sido anulada en la Ley de Amparo. ¿Será la joya de la corona judicial o una mercancía más? Nadie lo sabe.

El macuspano pudrió el poder en México, y aún hay quienes no se dan cuenta que fue desde la infausta reforma al INE cuando nuestra suerte quedó echada. Todo el sistema electoral fue, desde entonces, una vulgar farsa que se controlaba desde lo alto del poder, superando la cuestionable manipulación que se hacía desde la Segob. Sin embargo, los políticos que se quedaron a cargo del sistema prefirieron embolsarse enormes sumas, descuidando la maquinaria territorial, de la cual se fueron apoderando caciques y capos en cada región. Las elecciones estuvieron a la venta durante años. A billetazos se compraron puestos, mientras el INE creaba una artificial credibilidad. Los poderosos sabían que el artilugio era necesario para, poco a poco, eliminar los conflictos poselectorales que hacía de todo triunfo un volado.

El tabasqueño entendió lo que con gran cuidado armó el PRI, y hasta lo denunció repetidamente. Dijo que todo era una farsa, hasta que se cansó. Decidió apoderarse del perverso esquema, para lo cual vendió su alma al diablo, pactando con lo peor de lo peor, tramo a tramo, pueblo por pueblo, estado por estado, hasta que amarró las alianzas suficientes para tomar por asalto el proceso electoral. El dinero del narco fue lo que acabó por hacer su sueño realidad, se adueñó de la maldita silla, dejándoles hacer lo que quisieran. Besos, abrazos y una cabeza agachada ante el verdadero poder.

*Pero en el pecado lleva la penitencia, el poder fincado en un pantano parecía sólido e imbatible, hasta que dejó de serlo, se pudre aceleradamente. Acabará siendo el enemigo de todos.

 

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