Dos retos
Taddei pensará que no es su responsabilidad que el proceso electoral sea secuestrado por las bajas prácticas que cada día son más notorias.
El reto de la oposición no es convencer a los idólatras del oficialismo que, en su gran mayoría, viven en un mundo irreal del cual no quieren salir. Se han instalado en un modelo en el que la inercia les hace creer que forman parte de una purga ideológica que anula errores, elimina ineptitudes y hace que la más grotesca corrupción sea cubierta de un halo de santidad.
El verdadero reto es hacer que quienes aborrecen la política y a los políticos salgan a las calles a participar. Xóchitl no la tiene nada fácil, tendrá que convencer que no forma parte de lo mismo, y que, más temprano que tarde, se librará de las lacras que ya se arremolinan en su entorno.
Las narcoelecciones ya han mostrado su rostro, ya sabemos que mediante la desaparición de personas, de la intimidación a los integrantes de mesa de casillas, y del amago a los presidentes de éstas, los malosos logran que se publiquen y entreguen actas llenadas por la representación local del crimen organizado; así se han hecho de las posiciones que han querido.
El INE vive en el letargo, dice que son los ciudadanos los que cuentan los votos y que eso asegura la transparencia y legalidad de los procesos comiciales, cuando es claro que la delincuencia los ha rebasado. Ésta no tiene que rellenar urnas, ni acarrear o comprar a nadie, el secreto son las actas. Discutir lo plasmado en las actas es peor que discutirle al árbitro.
La ingenuidad de pensar que proteger a los funcionarios de casilla el día de elección basta resulta insultante, sabiendo que tales personas son visitadas con suficiente antelación para que callen ante la criminal operación que tiene como objetivo la imposición de los candidatos preferidos por la delincuencia. No hay, ni habrá, quien salga a denunciar, estando de por medio la integridad personal y familiar, menos, si lo que está en juego es lo anotado en un acta, por la que nadie jugará a ser niño héroe.
Resultó en el 18 y en el 21, pero ahora, el aparentemente sistema infalible podría hacer agua, dado que entre los grupos criminales ya no priva una visión monolítica, como la surgida en favor de quien los visitó y pactó con ellos. Ahora existen dudas, no todos compraron la opción única que postuló el de Tepetitán, por lo que no sólo habrá un comando aflojando a los integrantes de las mesas. Movimiento Ciudadano podrá poner, a modo, alternativa a los candidatos de las grandes fuerzas políticas, y así, ganar terreno, pero claro, previo pacto. La pregunta ahora es si seguirán el moreno modelo.
Taddei, pase lo pase, llegó para quedarse nueve años, por lo que aun cruzándose de brazos tiene la posición asegurada. Es algo parecido con los demás consejeros, quienes salvan toda omisión o ineptitud tras el escudo del mantra que reza que son los ciudadanos en quien descansa la confiabilidad del resultado.
Taddei pensará que no es su responsabilidad que el proceso electoral sea secuestrado por las bajas prácticas que cada día son más notorias. Se equivoca, el ambiente preelectoral que muestre que hay fuerzas oscuras que tratan de apoderarse del resultado le es oponible, así como exigible el que lo combata. Países centro y sudamericanos atestiguan que no sólo la violencia está torciendo elecciones, sino que es “tecnología” que exporta nuestro país.
Hay muchas soluciones, una de ellas, es hacer videograbación remota del conteo y levantamiento del acta. Claro, si queremos superar los pueblerinos mecanismos que hasta hoy despliega el INE. Mientras se preserve al más débil de los participantes de la elección como eje del resultado, será el ciudadano el blanco de las poderosas fuerzas del mal.
