Dos de comercio exterior
Hay muchas formas de entregar las riendas de un país y ésta es una de ellas.
A lo largo de la campaña electoral en los Estados Unidos de América se irá dando cuenta del dinamismo que ha logrado la economía del vecino del norte, ello, al tiempo de que la tasa de desempleo se ha moderado. Ya todo mundo sabe que en tal proceso el tema a debatir será la migración ilegal y la forma en que cada uno de los candidatos propone manejar tan espinoso asunto.
En el reciente mensaje sobre el estado de la unión, Biden no habló de la forma en que, a pesar de intensificarse el comercio exterior con nuestro país, como lo ha hecho, no se ha producido pérdida de puestos de trabajo. Quizá no le toca a él, y la Reserva Federal no hablará de los enormes beneficios que ha traído a aquel país la subvaluación del dólar.
En estas líneas, varias veces hemos señalado que nuestro Presidente suele estar orgulloso de aquello de lo que debería avergonzarse. El tipo de cambio no es la excepción. A él, seguramente no le cae el veinte de que un peso artificiosamente fuerte debilita, no la posición exportadora, sino a las empresas que, día a día, concurren al competido mercado.
Lo que aquí se produce siempre se venderá mejor más allá del Bravo, pero los precios que hoy se pagan sólo permiten mantener operando apretadamente la línea exportadora, sin que las empresas puedan mejorar condiciones laborales, ni fortalecer duraderamente su balance, además, cada vez se ven en mayor necesidad de apalancarse en condiciones gravosas. Así es, el valor del dólar, como el de aquel yen de los ochenta, está reconstruyendo a su emisor.
Para el experto en marchas y campañas, todo se arreglará incrementando el salario mínimo, claro con cargo al bolsillo de los empresarios, que no ven la hora que se acabe este negro episodio de farsante demagogia. Total, un poco más de saliva, dirá López, bien vale la gráfica de aumento al salario mínimo. Sin embargo, el festinado tipo de cambio, producto de un torrente incesante de dólares, ha hecho lo suyo, ha bancarizado cientos de miles de millones de dólares, al tiempo que ha permitido, con el apoyo presidencial, que quienes tan sólo eran “agricultores exitosos” hayan incursionado con facilidad en todo tipo de negocios.
Las autoridades estadunidenses saben que, más allá del sistema de pagos, ya controlan el principal ingreso del país. Han logrado que la esterilización de la divisa se convierta en un serio problema para nuestro banco central. Hasta buena parte de la gasolina de Pemex viene de allá. Tienen la llave maestra de la actividad económica, la cual les fue entregada sin chistar por el tabasqueño, quien, ingenuamente, pensó entender lo que pasaba, mientras le sacaban el llavero del bolsillo. Hay muchas formas de entregar las riendas de un país y ésta es una de ellas.
En la SCHP compraron una gran caja de alfileres y la han usado intensivamente en la economía, prendiéndola a modo de que parezca que la transición será tersa, sin embargo, varios sectores ya muestran signos de sobrecalentamiento y la aparición de las primeras huelgas es muestra de ello. Es obligado revisar la balanza de pagos, así como los flujos salientes a proveedores del exterior, sin quienes sería muy difícil mantener el aparato exportador, el cual, en ciertas actividades, sólo maquila productos a partir de materias que elevan sus precios constantemente, dejando la tajada grande al de afuera.
Aparte de la enorme cantidad de expertos en encuestas y adivinación electoral, es hora de escuchar a los expertos en política monetaria y cambiaria, ya que las noticias que da el Presidente, con bombo y platillo, traen sorpresa, y ésta, al parecer, puede tener tintes dramáticos.
