Alito. El Breve
La imprudencia que caracteriza al novel dirigente nacional no daba cabida a que él se formara en el cargo.
Fugaz y traicionero fue el campechano paso del peninsular personaje que quiso hacer política a nivel nacional. Con Moreira, su fiel sancho, quiso cabalgar por el altiplano, pero la altura lo mareó. Pensó llegar a aquel poderoso partido que dominaba el escenario, sin embargo, arribó cuando ese instituto político necesitaba de un líder de altos vuelos. El resultado, más que trágico-cómico, es devastador.
Si el futuro del tricolor son Osorio Chong o el alquimista experimento de Emilio Gamboa, mejor que se dediquen a otra cosa y no a ganar elecciones, menos, a mermar lo poco que queda de la oposición. Las figuras que hoy pretenden dirigir los derroteros de esa divisa tienen tanta cola o más que el exhibido.
La imprudencia que caracteriza al novel dirigente nacional no daba cabida a que él se formara en el cargo. El tren que abordó exigía la pericia que no tiene. En mala hora el gobernador duranguense pagó la candidatura con la incondicionalidad de una diputada. Nos costará caro a todos.
Olvidaron que Calles trazó una ruta no militar, ofreciendo al electorado una opción civil. Sin alternativa viable, tuvo que aceptar, de arranque, que el Ejército impusiera a Cárdenas. Éste, todavía pudo sembrar a su sucesor, después de desterrar a aquel, pero, finalmente, el giro ocurrió.
Es irónico, con la creación del PRI se postuló la vuelta a la vida civil, ahora, con una propuesta militarista, se le coloca en el umbral de su sepulcro. No aprendieron cuando Videgaray les impuso a Enrique Ochoa, quien sólo sabía de administrar taxis y esfumar cuentas.
Aún no entienden que volver a lo de siempre es la ruta de extinción. La política no perdona el oportunismo.
Fue sólo oropel el que hicieron pasar como oro, aquellos que retomaron la marca a principios de siglo, pero ése, fácil se desdora. Apenas huyó del país aquel títere del grupo Atlacomulco que encumbraron, y ya quieren ponerle los hilos a otro. No tienen remedio.
Recientemente fui criticado por destacada comunicadora al decir que López aspira a establecer un stalinato. Poco fue el tiempo para dar cabal razón de lo dicho. Por supuesto, no digo que se pueda comparar a nuestro básico, primitivo y hasta rústico Presidente, con un personaje de la talla de Stalin. Lo que digo es que tiene las mismas mañas. Le gusta el espionaje y emplea a una policía de corte político que silencia y anula a los adversarios. Que no vivamos en medio de una conflagración mundial y que los alcances que hoy tienen los cargos públicos se hayan acotado, no cambia el reconocible perfil de quien ha nacido autócrata.
En otras líneas he referido que, aunque cita a próceres de la historia patria, con quienes no tiene ningún parecido, la brújula la tiene puesta en personajes como Robespierre y Cromwell, aunque sus alcances técnicos se ajustan más a los del Papa Doc.
Quienes gustan de la historia, y no tienen que pagar cuota al recato, habrán advertido que el mal orador prefiere ordenar que las tropas acallen las críticas, Stalin lo fue, y lo es López. Malo olvidar que la jugada inicial del bolchevique fue militarizar toda actividad en su nación.
Sería deseable que, quienes no identifiquen a dónde lleva esa ruta, escuchen a quienes han identificado en tal proceder la huella indeleble del autoritarismo, que se dice de izquierda, pero es de la más rancia derecha.
López no sólo acabó con el PRD, ahora ha hecho lo propio con el partido que le sirvió de plataforma, hasta que se topó con Madrazo.
No son los números, ni las estadísticas las que revelan a un tirano, sino las pequeñas acciones que, con el tiempo, consolidan dictaduras.
