Campechanamente lo haría Layda, socarronamente Monreal, pero, superando a todos, el jefe máximo de la transformación lo hace cínicamente, llevando el término al infinito y más allá. Con gran desparpajo, se anuncia un apabullante capital negativo en el Banco de México.
En el lacónico comunicado de prensa se hace señalamiento de que se trata del acumulado efecto del desorden cambiario provocado por las remesas. Sin embargo, no se hace cargo el autónomo, de la percepción e implicaciones que tal condición contable arroja. Hoy, la gobernadora no sólo dejó pendiente su maestría en economía, sino también ha dejado en veremos la aprobación de quien será el auditor externo del instituto central.
Por lo que hace al anterior auditor, habrá que decir que es hora de que la siguiente Legislatura llame a quien se adentró a las cuentas del banco central, y dé cabal reporte de las normas y criterios generalmente aceptados en contabilidad que fueron inaplicados, así como de los criterios, razonamientos y medidas adoptados para ello. No todo es cobrar, ni poner una nota llamativa en el currículo de la firma.
Es claro que el desorden que impera en las finanzas públicas no fue problema, mientras rascaban en todo rincón, buscando fondos para saldar cuentas, lo que se hizo tomando, a la buena o la mala, recursos financieros no presupuestales. Nunca nadie había visto cómo el gobierno federal se hacía de botines imprevistos en la Ley de Ingresos, ni cómo el gasto público ninguna relación guarda con el Presupuesto de Egresos de la Federación, hemos vivido un aquelarre del gasto público federal, el cual, hasta ahora, no ha ocasionado que se llame a cuentas a los funcionarios. La Constitución bien, gracias.
No es menor, ni tampoco un chiste, navegamos con un banco central en números rojos que, estrictamente, ni siquiera es sujeto de crédito, ya que el señoreaje, fortaleza asociada a la capacidad de emitir dinero, no cuenta a la hora de saber cómo se ha manejado la institución, como tampoco cuenta la reserva de activos internacionales, dado que ésta tiene una función fijada en ley que no puede, ni debe incumplirse. Tenemos una alta tenencia de Derechos Especiales de Giro, pero no se hace distingo de los que son irrecuperables, gracias a una genialidad, más, de Meade, como tampoco se da detalle de las condiciones y características del resto de los activos de reserva. De tener información completa el mercado, al menos, podría disipar sospechas de window dressing.
En la regulación de la moneda, el crédito y los cambios emergen circunstancias que obligan a dar cuenta a la nación, sí, por mucho que se niegue, los swaps son financiamientos que impactan a nuestra economía, no siendo “neutrales”, como se quieren presentar. También, las entradas y salidas de la banca de desarrollo en el mercado cambiario, sin operación de financiamiento específicamente ligada, esto es, las puramente especulativas, lo hacen. Peor aún, si la banca de desarrollo otorga créditos a la actividad estatal, bien, “prestando” para pagar deuda o aminorar el saldo a favor de proveedores y contratistas, se genera deuda pública por la puerta de atrás, asunto al que esa autoridad financiera no debiera ser indiferente.
Pero, el que no tiene salvación ni puede lavarse cara, claramente es el auditor superior de la Federación, que bien ha demostrado que no entiende cuál es su función o ya es, como Zaldívar, otro raso en las tropas de la 4T.
Pasadas las elecciones a todos nos toca ver qué tan ruinoso es el estado de la unión. Debemos cuestionar quién y por qué fue designado como auditor externo del banco central, así como cuál es el saldo real de la deuda pública, tomando en cuenta, claro, pensiones y todo lo que han puesto debajo del tapete, más ahora que, ridículamente, han basado un apartado del sistema de pensiones sobre dinero prestado, tomado precisamente de quienes son los acreedores del sistema, nada más absurdo.
