Venezuela: lecciones dolorosas 

Nada de lo que ha pasado en el proceso electoral venezolano ha sido normal.

Hasta de las tragedias más ingratas se desprenden enseñanzas para el futuro. A más de un mes del colapso democrático en Venezuela abundan lecciones dolorosas. La primera lección es clara: las dictaduras del siglo XXI carecen de escrúpulos con tal de mantenerse en el poder. Sin ningún anclaje moral, se trabaja noche y día para consolidar un régimen que navega entre la barbarie y la arbitrariedad.

La segunda lección es que, en un entorno interconectado por las redes sociales, el mundo no puede ignorar un atropello tan flagrante. Tal como lo testificó el Consejo Permanente de la OEA la semana pasada, se ha venido consolidando un consenso generalizado en la comunidad internacional en relación a la defensa de la democracia, el Estado de derecho y los procesos electorales íntegros.

La tercera lección tiene que ver con los efectos destructivos de la captura de las instituciones. La cooptación sin rubor de los organismos electorales y de la justicia venezolana han eliminado cualquier esperanza de respeto a los principios democráticos. Las instituciones están alineadas con los fines perversos de un régimen que busca construir su legitimidad con base en jugarretas jurídicas que fundamentan sus decisiones y sentencias fuera de todo criterio de razón y justicia.

Como lo señaló el secretario general de la OEA, Luis Almagro, debemos seguir denunciando una y otra vez la usurpación del poder. Hoy Venezuela es un régimen dictatorial, quien no lo reconoce así es cómplice de que la dictadura perdure.

Nada de lo que ha pasado en el proceso electoral venezolano ha sido normal. No es normal que sigamos sin actas publicadas. No es normal que se siga especulando sobre resultados que son clarísimos. No es normal la represión de la que hemos sido testigos en las últimas semanas. Nunca podemos normalizar lo anormal. No podemos minimizar la represión que la dictadura maximiza.

La cuarta lección está conectada al regreso y perfeccionamiento del terrorismo de Estado y sus prácticas nocivas de vulneración de los derechos humanos. Como lo señaló Roberta Clarke, presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en Venezuela existen prácticas de terrorismo de Estado como son la represión, el arresto arbitrario y las desapariciones forzadas de manifestantes de la oposición.

Es innegable que el terrorismo de Estado en Venezuela evidencia un plan sistemático de desaparición, secuestro, tortura y exterminio de un sector de la población civil con el objetivo de generar terror y amedrentamiento social sobre los ciudadan@s venezolan@s, desalentando y eliminando cualquier resistencia a la tiranía.

BALANCE

Frente a esta barbarie, es fundamental que continúen las investigaciones por posibles crímenes de lesa humanidad en contra de Maduro y su séquito. La comunidad internacional no puede mirar hacia otro lado, es necesario que se termine la impunidad y que existan consecuencias contra estos actos de barbarie.

La última lección es que si las practicas dictatoriales se mantienen impunes, éstas podrían extenderse como un virus a diversos países de la región, contagiando y contaminando a países con democracias debilitadas que podrían verse tentados y sucumbir en los abismos del autoritarismo y el caudillismo.

La Carta Democrática Interamericana, próxima a cumplir 23 años, sigue siendo el instrumento nodal de para defender a nuestras democracias. Es importante recordar que la democracia cuesta muchos años en construirse, pero puede desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. Reflexionar sobre el futuro a la luz del colapso de la democracia venezolana sigue siendo una obligación compartida.

*Los puntos de vista son a título personal.

No representan la posición de la OEA

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