Venezuela: herida abierta

Los venezolanos merecen ejercer su derecho al voto desde el lugar en donde se encuentren.

El 8 de noviembre pasado, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) presentó su último informe sobre personas refugiadas y migrantes provenientes de Venezuela. Este valioso documento evidencia las causas de la migración, las circunstancias que enfrentan en sus desplazamientos, sus precarias condiciones de vida en los países de acogida, y la necesidad urgente de contar con una respuesta regional conjunta, articulada e integral que garantice una migración segura, digna y ordenada.

La diáspora venezolana de esta última década ha tenido un gran impacto regional. En el informe de la CIDH se constata su gran dimensión, al situarla en más de 7 millones de personas, constituyéndose en el flujo migratorio más grande en el mundo, junto con el de Siria.

Más de 5.9 millones de personas se encuentran en Colombia, Perú, Ecuador y Chile, convirtiéndose la migración en su única opción de supervivencia para salvaguardar derechos como la vida, la integridad y la libertad personal.

El informe resalta que el origen de esta masiva ola migratoria es la destrucción de la institucionalidad democrática, la sistemática violación de los derechos humanos, la supresión de libertades fundamentales, la consolidación de un gobierno autocrático y el constante deterioro de la economía venezolana.

En su parte concluyente, el informe señala que: “El desplazamiento forzado de personas provenientes de Venezuela guarda una estrecha relación con la instalación de una autocracia en el país. La ausencia de un Estado de derecho ha provocado que las instituciones estatales diseñadas para promover y proteger los derechos humanos operen para asegurar la permanencia del partido de gobierno en el poder”.

En este difícil contexto, las elecciones presidenciales de 2024 en Venezuela se colocan como una herramienta crucial para que este país y su ciudadanía pueda recuperar el tejido democrático a través de comicios libres y justos, que se basen en el sufragio universal y secreto de todos los ciudadanos venezolanos, contando con la plena participación de todos aquellos que residen dentro y fuera de Venezuela, sin ninguna excepción ni discriminación.

Para que las elecciones presidenciales de 2024 sean genuinas, es imprescindible que se aseguren condiciones de accesibilidad e inclusión, tanto jurídicas y físicas como logísticas, para el ejercicio del voto de los migrantes en este proceso electoral.

Quienes han sufrido de primera mano las consecuencias del colapso democrático y han levantado su voz de protesta en contra la dictadura, merecen ejercer su derecho al voto desde el lugar en donde se encuentren. 

La participación política de los migrantes venezolanos no puede ni debe ser ignorada ni excluida, hacerlo sería condenarnos a un nuevo sainete electoral, un nuevo golpe a la democracia y una nueva bofetada de la dictadura a los derechos políticos de sus ciudadanos.

BALANCE

Como ha señalado el secretario general de la OEA, Luis Almagro, debemos construir un sistema multilateral que defienda la democracia y los derechos humanos.

Es inaplazable la aplicación de todos los mecanismos de cooperación regional posibles para que los migrantes venezolanos puedan acceder a los procedimientos de regularización migratoria, protección internacional y garantías de participación política, incluyendo el voto desde el exterior.

La dictadura de Nicolás Maduro es una maquinaria perversa que ha expulsado a más de siete millones de personas de su país, constituyéndose en el fenómeno más lamentable de migración forzada de la historia de nuestro continente. Una vergonzosa herida abierta para la democracia de la región. 

 * Los puntos de vista son a título personal.

No representan la posición de la OEA

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