Tragedia mexicana
Los cuantiosos recursos que se destinan a los programas sociales no logran revertir la eficacia de las campañas permanentes de reclutamiento por parte de la delincuencia organizada.
Víctor Manuel Ubaldo Vidales tenía 17 años cuando fue contratado para asesinar a Carlos Manzo, alcalde de Uruapan. Según la Fiscalía General del Estado de Michoacán, el homicida se encontraba bajo los efectos de la metanfetamina y el tetrahidrocannabinol, y había sido reportado como desaparecido una semana antes.
Como apuntó el director de nuestro periódico, Pascal Beltrán del Río, una de las premisas de la política social enarbolada por el sexenio anterior era que los apoyos económicos a los jóvenes los alejaban de la criminalidad y los impulsaban a un futuro mejor. “Becarios, no sicarios” era el eslogan de esa política pública.
A pesar de las becas, los grupos criminales siguen apuntando a los jóvenes y los cuantiosos recursos que se destinan a los programas sociales no logran revertir la eficacia de las campañas permanentes de reclutamiento por parte de la delincuencia organizada.
Los casos de adolescentes imputados por delitos aumentaron 45% entre 2021 y 2023, sumando 32 mil 852 en 2023, de acuerdo con la Encuesta de personas adolescentes en conflicto con la ley del Inegi. La propia presidenta de México, Claudia Sheinbaum reconoció que el avance de la violencia entre los jóvenes se debe a su abandono histórico.
Por desgracia, reconocer un problema tan arraigado no significa una solución inmediata. Los cárteles siguen alimentando sus ejércitos con jóvenes atrapados en un entorno cada vez árido y violento. Como diría Dylan, los reclutados no tienen “nada que perder”. El que nada tiene, todo lo arriesga.
Natalie Kitroeff y Paulina Villegas relatan con precisión lo sofisticado de las campañas de reclutamiento de la delincuencia organizada. En un reportaje para The New York Times, publicado en diciembre de 2024, explican cómo, en su afán por construir imperios de fentanilo, los grupos delictivos mexicanos están recurriendo a una reserva de talento poco habitual: alumnos de química que estudian en universidades mexicanas.
En la misma dirección, Andrés Rodríguez, describe para El País cómo se utilizan las redes sociales para apuntalar el reclutamiento juvenil y fortalecer la estructura de los cárteles. El contenido es creado y difundido por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) o el Cártel de Sinaloa, a través de TikTok, utilizando lenguaje coloquial, jerga, música, hashtags y emojis.
La situación es preocupante. Las evaluaciones más recientes lo confirman. Un análisis nacional sobre el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes por parte de grupos del crimen organizado, realizado por la Secretaría de Gobernación en 2021, pero retomado públicamente tras el descubrimiento del rancho en Teuchitlán, revela que siete de cada diez reclutas de esa edad crecieron en entornos con altos índices de criminalidad.
BALANCE
La pandemia de covid-19 y el colapso de la migración hacia EU han destruido la economía de muchos estados y municipios, creando las condiciones perfectas para que los grupos armados sigan atrayendo a menores a sus filas. Los grupos armados han aumentado su control social en muchas comunidades.
Pero, además, la delincuencia organizada ha sido exitosa en promocionar su “estilo de vida” como una aspiración realista para miles de jóvenes sin empleo o educación efectiva. Los narcocorridos son el mejor ejemplo de lo anterior.
El propio gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, firmó un decreto para prohibir que se interpreten corridos que enaltecen a delincuentes en palenques o conciertos. Lo trágico es que la estrategia criminal de reclutamiento juvenil trasciende becas, declaraciones políticas o prohibiciones musicales. Sin incentivos reales para no delinquir, legiones de jóvenes seguirán el camino de las mafias. Ésa es la verdadera tragedia mexicana.
