Tecnología y debate político
Sabemos que nuestra navegación en el ciberespacio deja un historial que es aprovechado por empresas tecnológicas para mercadeo de productos.
En los últimos años hemos sido testigos de cómo el debate político se ha ido instalando en las distintas plataformas de redes sociales, más que en los medios convencionales o en las relaciones interpersonales. La nueva plaza pública, lo sabemos todos, es digital.
Este fenómeno ha traído consigo: audiencias más amplias, la democratización de la voz pública y un contacto más directo entre ciudadanos, partidos políticos, candidatos y gobiernos.
Sabemos que nuestra navegación en el ciberespacio deja un historial que es aprovechado por empresas tecnológicas para mercadeo de productos. ¿Quién no ha recibido “casualmente” publicidad sobre productos, cada vez que lleva a cabo una búsqueda digital?
Lamentablemente, lo anterior sucede en la nueva arena digital de discusión política. Estas técnicas de mercadeo comercial se han convertido en mecanismos de propaganda político-electoral. Desde hace años se ha documentado el fenómeno de apropiación indebida de información para mensajes políticos dirigidos.
El proceso es complejo, pero muy redituable, comienza con la cosecha de datos de millones de ciudadanos que participan en plataformas digitales. Datos biográficos, socioeconómicos, de consumo, y en general toda la información que tenemos en nuestra presencia individual en el ciberespacio conforman una especie de ADN digital que, a pesar de estar protegida por leyes de privacidad en prácticamente todo el mundo, sigue siendo objeto de compraventa ilegal a partir de sofisticados ataques de ciberseguridad.
A partir de esta riquísima información, se construyen grupos de perfiles y a través de procedimientos de comparación y búsqueda, conocidos como algoritmos en las plataformas tecnológicas, se identifican los segmentos de personas idóneas para recibir mensajes políticos dirigidos.
Así se han implementado modelos de comunicación política controlada donde grupos de personas predefinidas como afines a una cierta tendencia política, reciben con intensidad mensajes que refuerzan su orientación y los aísla de mensajes de otros lugares del espectro político.
Este efecto fractura uno de los pilares de la discusión política, que es la necesidad de escuchar a quien piensa diferente para encontrar los mejores caminos colectivos. Si alguien sólo recibe la información con la que está de acuerdo, el diálogo circular, complementario y esencial de las sociedades democráticas, se pone en riesgo.
Es posible ver cómo esta segmentación algorítmica, combinada con técnicas de inteligencia artificial, ha bombardeado de fake news a los grupos que con mayor probabilidad las aceptarán como reales, particularmente en relación con figuras que perciben como sus enemigos. La polarización y el encono que genera este efecto son aterradores.
Si bien hemos señalado un uso pernicioso de esta tecnología, reconocemos también que nos sigue ofreciendo oportunidades interesantes, por ello es muy importante estudiar su impacto y funcionamiento.
BALANCE
El secretario general de la OEA, Luis Almagro, ha señalado que el uso de tecnología digital es un salto cualitativo en la vida del ser humano, acercando “las decisiones públicas” a la ciudadanía. La tecnología es aliada de la democracia.
Podemos redirigir el uso de los algoritmos y la inteligencia artificial para fomentar la discusión pública democrática, acercar en lugar de segmentar, abrir en lugar de aislar perfiles.
El debate político se desarrolla fundamentalmente en el terreno digital, de allí la importancia del buen uso de la tecnología, con el fin de que aporte en la construcción de sociedades plurales, en donde exista espacio para todas las voces.
* Los puntos de vista son a título personal.
No representan la posición de la OEA
