Ruptura

Canadá está buscando una geometría variable; es decir, diferentes coaliciones para distintos temas, basadas en valores e intereses comunes.

La semana pasada, los discursos del Foro de Davos retrataron, como nunca, el cambio de paradigma internacional que estamos viviendo. El secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, renunció a los términos diplomáticos. La globalización “ha fallado” y sólo ha empobrecido a sus trabajadores.

No se puede ser soberano si dependes de otros países, para cosas tan básicas como la energía y la tecnología. La soberanía y la independencia, “se miden en las fronteras”. En otras palabras, para sus aliados: está “prohíbido” asociarse con China.

A contrapelo, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, se llevó el reconocimiento de muchas naciones. El exgobernador de los bancos centrales de Canadá y de Inglaterra alertó que el mundo “atraviesa una ruptura y no una transición” a nivel económico y político, acusando a las “grandes potencias” de “usar la integración economía como arma” y “los aranceles para sacar ventaja”.

El experimentado financiero canadiense sentenció: la infraestructura financiera se utiliza también “como medida de coacción”, y las cadenas de suministro “como vulnerabilidades que se pueden explotar”. “No se puede vivir con la mentira del beneficio mutuo cuando ésta se convierte en una fuente de subordinación”.

Canadá raramente se distancia de manera tan pública de su poderoso vecino del sur. Sin embargo, Carney puso el dedo en la llaga: “Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte a ti mismo”. Los aliados deben diversificar sus recursos para protegerse de la incertidumbre. La nueva soberanía, que antes se basaba en normas, ahora se fundamentará en la capacidad de resistir la presión. 

En consecuencia, Canadá duplicará su gasto en defensa con el objetivo de “construir sus propias industrias domésticas”. La diversificación comercial es central en su estrategia. Canadá está buscando una geometría variable; es decir, diferentes coaliciones para distintos temas, basadas en valores e intereses comunes.

Las potencias intermedias deben actuar juntas porque si no se sientan a la mesa, acaban en el menú. Las grandes potencias pueden permitirse, por ahora, actuar por su cuenta. Tienen el tamaño del mercado, la capacidad militar y la influencia para dictar las condiciones.

La reacción no se hizo esperar, El secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, recordó que México ha obtenido el mejor trato comercial del mundo frente a la administración de Trump y advirtió que Canadá pagará las consecuencias de acercarse a China durante la revisión comercial que arrancará a mediados del año entre los tres países.

Es claro que el acercamiento comercial canadiense con China genera urticaria a la administración republicana. El propio presidente Trump criticó sin rodeos a Canadá por “hacer negocios” con China y afirmó que el gigante asiático terminará por devorarlos.

Balance

Como potencia media, México no puede ignorar todo lo que se dijo en Davos. La ruptura dibujada por Carney ilustra hasta dónde han llegado las cosas entre aliados históricos como resultado del cambio de timón propuesto por Trump.

Nuestro país no tiene los márgenes canadienses ni el respaldo solidario que acompaña a los miembros de la Unión Europea. México está atrapado en una vecindad asimétrica con Estados Unidos. Canadá rompió lanzas con su poderoso vecino. Nosotros no podemos actuar con esa gallardía sin pagar un costó desproporcionado.

No debemos navegar al garete ante los vientos huracanados de un vecino que ha decidido apretar sus controles y que pide, a cambio de una buena relación, una cooperación estrecha en materia de migración, seguridad y narcotráfico. Las cosas están claras. ¿Qué hacemos en medio de la ruptura? ¿Jalamos o nos ahorcamos?