Recuerdos, acaso con un dejo de añoranza. Los JO de Melbourne 1956 pasaron inadvertidos. Dos años después, al ingresar a la alberca de CU, me enteré de que en las antípodas existía un reino agonal maravilloso en el que había un nadador de nombre Murray Rose que, a sus 17 años, era un inteligente estratega de ingente resistencia y destreza técnica en los 400 y 1500 m nado libre, plusmarquista mundial y doble campeón olímpico, y no sólo eso, sino que, poco después, otro joven, Don Talbot, ¡de 17 años!, había formado dos recordistas mundiales, los hermanos John e Ilsa Konrads, de 15 y 13 años de edad.
Por las mismas fechas, otro jovencito había tomado la decisión de abandonar los estudios académicos para dedicarse íntegramente al tenis: Rod Laver, figura mítica. El entorno agonal de Australia sorprendía tanto en conocimiento deportivo que, con clarividencia, designaron a un atleta en formación, de 19 años, para hacer el encendido del pebetero: Ron Clarke, corredor de la milla a los 10,000 m planos con 23 RMs, pero ¡ay!, sin que jamás este portento saboreara la gloria del oro olímpico.
El legendario Emil Zátopek La Locomotora Checa, le obsequió una de sus medallas de oro en reconocimiento a su clase superior. Vienen a la memoria estos y otros acontecimientos cuando observo la fecha 21 de enero de 1935 bañada en datos inexactos, en un mensaje por WhatsApp, acerca del mariposista mexicano Eulalio Ríos, El Delfín de Hueyapan, Veracruz. Hace 70 años de los JO de Melbourne; fue algo así como el despertar del deporte de México, de compararse con la idea de preparación, del esfuerzo y del espíritu de emulación en una acción no de remedo, sino creativa, impregnada de cultura de lucha.
Eulalio nació un 21 de enero y tenía 21 años de edad cuando ocupó el 6o lugar en los 200 m estilo mariposa en la final. Pero no sólo fue el 6º lugar ni el oro y el bronce de Joaquín Capilla en la plataforma y en el trampolín de 3 m —se vivía dentro de una burbuja de vivos colores en que todo era motivo de asombro y de admiración—, sino que, además, inundaba de orgullo el 9º y 10º lugar de Alberto Capilla y Juan Botella en plataforma; el 9o lugar de Magdaleno Cano en ciclismo de ruta; el 5o lugar de México en pentatlón moderno con Antonio Almada, José Pérez Mier, David Romero Vargas, después de Rusia, EU, Finlandia y Hungría.
Esos JO representaban la oportunidad para los entrenadores de conocimiento, con cuatro años de retraso, de las técnicas y sistemas de acondicionamiento físico. En 1956, la mariposa recién había nacido. Llamaba la atención el nuevo estilo con el crawl de los 100 a los 1,500 con énfasis a la resistencia.
Ríos Alemán fue, al igual que Michael Phelps, un nadador que dio al batido de pies de mariposa o delfín enorme poder hidrodinámico. Su patada resonaba en la tribuna de espacio abierto. Su carril era un espejo por el que debajo se deslizaba su silueta; salía a respirar y al frente del cardumen a los 35 m. Estableció la hazaña, no superada, de ser el único nadador mexicano en ganar oro en J. Panamericanos.
