Poder perpetuo
Bukele, quien ostenta una popularidad nunca vista en su país, se reeligió como presidente en febrero de 2024 con 82.8% de los votos, a pesar de que la Constitución del país lo prohibía.
La espada de Damocles finalmente cayó. El cabello que la sostenía se reventó creando un estruendo escandaloso. Por amplia mayoría, el Congreso de El Salvador avaló la semana pasada una reforma constitucional que permite la reelección presidencial indefinida. La modificación extiende el periodo presidencial de cinco a seis años y elimina la segunda vuelta en las elecciones.
La nueva normatividad establece que el actual periodo presidencial que empezó en 2024 y concluiría hasta 2029, terminará prematuramente el 1 de junio de 2027. Habrá elecciones presidenciales anticipadas y serán, en este caso, concurrentes: es decir, ocurrirán al tiempo que las elecciones legislativas y las elecciones locales.
Lo que sucede en El Salvador era previsible. Nayib Bukele, quien ostenta una popularidad nunca vista en su país, se reeligió como presidente en febrero de 2024 con 82.8% de los votos, a pesar de que la Constitución del país prohibía expresamente la reelección.
Es importante recordar que el mandatario contó con el apoyo de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, conformada en su mayoría por jueces favorables a él, que dispuso que el mandatario sí podía reelegirse.
Las críticas han sido contundentes. La directora para las Américas de Human Rights Watch, Juanita Goebertus, expresó previo a la aprobación del proyecto: “Están recorriendo el mismo camino que Venezuela. Empieza con un líder que usa su popularidad para concentrar poder, y termina en dictadura”.
En América Latina se permite la reelección consecutiva en Argentina, Bolivia, Brasil y Ecuador, pero sólo por un periodo adicional; en cambio, la reelección indefinida se permite en Venezuela desde 2009 y en Nicaragua desde 2014. Ha sido el preámbulo de dictaduras y gobiernos autoritarios.
Como lo señalan Ricardo Sebastián Piana, de la Universidad Nacional de La Plata, y Martín Arévalo, de la Universidad del Salvador, en un análisis sobre la reelección presidencial indefinida, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre establece el derecho a participar en el gobierno, lo que incluye el derecho a ser elegido. Sin embargo, la reelección indefinida presidencial puede tensionar con los principios republicanos, que postulan la separación de poderes y la limitación del poder del Estado.
En 2021, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) emitió la Opinión Consultiva OC-28/21, en la que concluyó que la reelección indefinida presidencial no es un derecho humano autónomo y que puede socavar el sistema democrático. Concentrar demasiado poder en el presidente dificulta la participación política de otros actores y limita la separación de poderes.
BALANCE
En público y en privado, el presidente Bukele había señalado que no buscaría un tercer mandato presidencial; sin embargo, en su primera reacción a las modificaciones legales, el mandatario rechazó este domingo que la aprobación de la reelección presidencial indefinida sea el “fin de la democracia”, al asegurar que las críticas a esa decisión se deben a que la tomó un país “pequeño y pobre”.
El político salvadoreño recordó que “90% de los países desarrollados permiten la reelección indefinida de su jefe de gobierno, y nadie se inmuta”. Si El Salvador se declarara una monarquía parlamentaria “con exactamente las mismas reglas que el Reino Unido, España y Dinamarca”, las críticas no cesarían.
La pretensión de eternizarse en el poder es una pulsación autoritaria que ha acompañado a los gobernantes por siglos.
En esta era viral, que se expresa a través de las plataformas digitales, los que detentan popularidad, impulsados por grandes sectores sociales y grupos de interés, no están dispuestos a dejar el poder. Buscan perpetuidad a cualquier costo.
