Nuevos jinetes

El Nuevo Testamento los ilustra como símbolos de calamidad y desgracia. Desde tiempos inmemoriales, los cuatro jinetes del apocalipsis representan a la guerra, el hambre, la peste y la muerte. En la actualidad existe un amargo sabor apocalíptico, que se ha acendrado con ...

El Nuevo Testamento los ilustra como símbolos de calamidad y desgracia. Desde tiempos inmemoriales, los cuatro jinetes del apocalipsis representan a la guerra, el hambre, la peste y la muerte.

En la actualidad existe un amargo sabor apocalíptico, que se ha acendrado con un cambio climático acelerado, acompañado de conflictos bélicos que sólo han traído destrucción y muerte. 

El aumento de las brechas sociales y económicas ha profundizado la lacerante desigualdad, amenazando seriamente nuestras frágiles democracias y el mantenimiento de la paz mundial. 

Ante la inestabilidad, las respuestas de los Estados y sus gobiernos no han sido suficientes frente a la magnitud de las amenazas y la rapidez con la que emergen nuevas problemáticas en la agenda.  

El desencanto democrático se ha multiplicado. Tenemos una ciudadanía ausente y dispersa, en un escenario aprovechado por quienes proponen que el lugar de la democracia sea ocupado por el populismo y el autoritarismo.

En este contexto, nuevos jinetes de la calamidad democrática cabalgan desenfrenados: la desigualdad y la pobreza; el crimen organizado y la narcopolítica; el autoritarismo y el populismo; y, finalmente, la desinformación y el mal uso de la inteligencia artificial.

La desigualdad y la pobreza, profundizadas por la presencia de la pandemia de covid-19 y el cambio climático, han ocasionado que millones de personas vivan en la pobreza extrema y no puedan ejercer su derecho a una vida digna y saludable.

El Banco Mundial designó a 2023 como el año de la desigualdad. Más de 1,155 millones de personas se encuentran en situación de pobreza, y más de 700 millones viven hoy en condiciones de pobreza extrema, lo que significa que subsisten con menos de 2.15 dólares al día. 

Este escenario de desigualdad y pobreza se ha convertido en el caldo de cultivo ideal para que florezcan el crimen organizado y la narcopolítica, al convertir el enrolamiento en estos grupos en una alternativa de subsistencia frente a la falta crónica de oportunidades.

Los grupos del crimen organizado han convertido a América Latina en la región más violenta del mundo. Según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), 50% de los homicidios intencionales de la región se vinculan con la delincuencia organizada.

El creciente avance del crimen organizado no se ha reducido a las esferas del orden público o la economía, sino que amenaza con extenderse masivamente al ámbito electoral, al generar hechos de violencia que dificultan el ejercicio de los derechos políticos.

La suma de desigualdad, pobreza y crimen organizado alimentan la emergencia del autoritarismo que devasta los derechos y libertades de los ciudadanos y destruye los sistemas de pesos y contrapesos dentro del poder público.

El autoritarismo amenaza la autonomía e independencia de los organismos electorales, buscando cooptarlos y asfixiarlos, erosionando aún más la confianza de los ciudadanos en la democracia.

Finalmente, en forma transversal, la desinformación y la presencia de la inteligencia artificial plantea enormes retos y desafíos en torno a la regulación del uso de las nuevas tecnologías dentro de los comicios.

BALANCE   

Como ha señalado el secretario general de la OEA, Luis Almagro, debemos ayudar a nuestras democracias para que no se tiren por el precipicio y sigan el camino sin retorno que significan las dictaduras.

Los nuevos jinetes del apocalipsis democrático son una amenaza permanente que debe ser reconocida y combatida por tod@s. No lo olvidemos, el desencanto democrático es siempre la puerta de acceso al autoritarismo y la demagogia barata.

*Los puntos de vista son a título personal.

No representan la posición de la OEA

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