La búsqueda por la verdad
Navegamos todos los días en océanos de desinformación y noticias falsas. Encontrar la verdad se relativiza en un mundo repleto de confrontación, disputa y guerra. La búsqueda por la verdad se ha convertido en una batalla cotidiana.Las redes sociales se han ...
Navegamos todos los días en océanos de desinformación y noticias falsas. Encontrar la verdad se relativiza en un mundo repleto de confrontación, disputa y guerra. La búsqueda por la verdad se ha convertido en una batalla cotidiana.
Las redes sociales se han convertido en la principal fuente de información y espacio de opinión para la sociedad. De acuerdo al Global Digital Report 2023, más de 60% de la población es usuaria de redes sociales. Más de 4 mil 880 millones de personas consumimos, generamos y replicamos información a una velocidad vertiginosa.
Esa interconectividad instantánea genera una búsqueda por la verdad que se debate entre la propaganda más grotesca y los esfuerzos del periodismo por contrarrestar las campañas de desinformación producidas desde granjas de bots, con financiamientos oscuros y raramente identificados.
Sin información veraz, contrastada, verificada y contextualizada, no existe debate público confiable y seguro. La democracia se fortalece con un debate público plural, diverso y libre, en donde la verdad debería ser la fuente y la esencia para la toma de decisiones y la gobernanza.
Es imprescindible el ejercicio de un debate público veraz y certero, sin charlatanerías; que este debate sea el que determine el rumbo de las agendas públicas.
La proliferación de las noticias falsas, la tergiversación y la manipulación de la información están generando daños irreversibles a la sociedad y a las democracias; son el combustible para la conflictividad social, la emergencia del fanatismo y la polarización tóxica.
La desinformación genera ciudadanos reactivos, emergentes y virales; que se entregan a sus emociones y subjetividades, para quiénes la verdad ha perdido valor, acostumbrándose peligrosamente a vivir en ambientes manipulados por intereses inconfesables.
Como lo hemos podido testificar en las últimas semanas, asistimos a conflictos políticos y militares en diferentes regiones del mundo, donde los medios digitales, junto con las redes sociales, son la principal fuente de información.
La presencia de desinformación, alimentada fundamentalmente por videos falsos o manipulados es el pan de cada día. Se busca posicionar argumentos a favor o en contra de las partes en disputa, con el fin de que prevalezca una narrativa interesada y alejada de la verdad.
Es así que se generan afectos o desafectos que no permiten dimensionar con claridad e imparcialidad los orígenes, el desarrollo y consecuencias de los conflictos.
Cada vez es más difícil distinguir con claridad la verdad sobre lo ficticio. La búsqueda por la verdad se ha transformado en una odisea informativa que requiere buen juicio y objetividad.
Lo anterior plantea un gran desafío internacional. Cada vez es más urgente alcanzar un acuerdo global orientado a prevenir, regular y sancionar las prácticas de desinformación, preservando los derechos a la libertad de expresión e información. Todos los actores, públicos y privados están llamados a participar en este esfuerzo.
BALANCE
Debemos empezar por reconocer la relevancia de la información que consumimos, generamos y replicamos. No debemos ser indiferentes a la construcción de narrativas falsas y a las groseras campañas de propaganda que priman en el mundo de hoy.
Pongamos nuestro granito de arena, siendo responsables con lo que informamos y compartimos, devolviéndole valor a la verdad, que es la esencia de toda democracia. Como lo señala el secretario general de la OEA, Luis Almagro, el principal problema de las noticias falsas y la desinformación es el propósito de ocultamiento y división de la verdad. Sin verdad, no hay democracia posible.
*Los puntos de vista son a título personal.
No representan la posición de la OEA
