Guatemala

La jornada se desarrolló de manera pacífica y normal. El Poder Ejecutivo, a través del ejército y las fuerzas de seguridad, garantizó el buen desarrollo de la segunda vuelta electoral, así como la repetición de las elecciones en cinco municipios del país

Escribo estas líneas desde la Ciudad de Guatemala. He tenido el privilegio de acompañar al jefe de la Misión de Observación Electoral de la OEA, Eladio Loizaga, en las dos rondas de la elección presidencial. Después de semanas turbulentas y complejas, la ciudadanía eligió de manera abrumadora a Bernardo Arévalo como presidente y a Karin Herrera como vicepresidenta.

La jornada se desarrolló de manera pacífica y normal. El Poder Ejecutivo, a través del ejército y las fuerzas de seguridad, garantizó el buen desarrollo de la segunda vuelta electoral, así como la repetición de las elecciones en cinco municipios del país.

A pesar de estar sometido a presiones desmedidas y amenazas lamentables, el Tribunal Supremo Electoral cumplió con su labor, organizando una buena elección que permitió que la vocación democrática de l@s ciudadan@s pudiera traducirse en un resultado claro e indiscutible.

La historia de esta elección ha sido compleja y llena de obstáculos. Ante las enormes dificultades que se presentaron las semanas posteriores a la primera vuelta, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, llevó a cabo una visita trascendental a invitación del gobierno de Guatemala del 1 al 4 de agosto.

Los buenos oficios de Almagro garantizaron una serie de compromisos por todas las partes para respetar la voluntad expresada en las urnas durante la primera vuelta, generando un ambiente de distensión que fue crucial para llegar a la celebración del pasado domingo.

En un ejercicio de diplomacia efectiva, los principios fundamentales de la Carta Democrática fueron salvaguardados, privilegiando siempre la salida electoral como único mecanismo para consolidar la democracia en Guatemala.

La solicitud del presidente Giammattei a la OEA para que acompañe el proceso de transición y toma de posesión, que se extenderá hasta el 14 de enero de 2024, es una medida positiva que ayudará a un tránsito del poder de manera clara y transparente. La participación del secretario general, Luis Almagro, se tradujo en medidas concretas que ayudaron a que la jornada transcurriera con normalidad y de manera pacífica. Los fiscales de las dos fórmulas presidenciales pudieron tomar la fotografía del acta número 4 y se entregó copia del documento 5, como fue acordado en aras de la transparencia del proceso.

Es de destacar que a partir de las 6 de la tarde comenzó la transmisión de los primeros datos al Programa Informático para la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP). Al filo de las 9 de la noche, ya se había procesado el 98.95% de las actas.

La velocidad con la que funcionó el TREP dotó a la población de un bálsamo de certeza y tranquilidad que mucho ayudó a concluir la jornada electoral de manera ejemplar. Todos los intentos por descarrilar el proceso fracasaron de manera rotunda.

BALANCE

Todas las triquiñuelas dedicadas a obstaculizar el proceso electoral en Guatemala fueron en vano. Esta elección demuestra que tratar de ganar por otros medios lo que no se consiguió en las urnas es una estrategia deleznable y reprobable que pone en riesgo el proceso democrático.

Las condenas nacionales e internacionales a una judicialización mal intencionada como la que se presentó en Guatemala reflejan la convicción de los demócratas del continente por contar con procesos electorales limpios que no cedan a amenazas ilegítimas e intereses poco claros.

Mucho tenemos que aprender de lo que sucedió en Guatemala. Los nubarrones que se ceñían sobre el horizonte de esta nación finalmente se alejaron. El futuro está por construirse. En tanto, debemos alegrarnos de que la voluntad expresada en las urnas fue respetada. Esa es una gran noticia.

Los puntos de vista son a título personal.

No representan la posición de la OEA

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