Gentrificación: nómadas digitales
México se ha transformado en un destino atractivo para muchos extranjeros. En nuestro país viven 1.6 millones de estadunidenses, según el Departamento de Estado de EU.
Vivimos el siglo de la migración. Del sedentarismo nacionalista hemos pasado a una fuerza incontenible de búsqueda por mejores oportunidades. La gente abandona su lugar de origen expulsada por diversas razones. Crisis económicas, dictaduras y catástrofes naturales fuerzan a millones de personas a buscar horizontes más amigables.
La palabra nómada procede del griego nómades, que significa: “el que deja los rebaños en los pastos”. Alrededor de 30 millones de personas en el mundo pertenecen al concepto tradicional de pueblos nómadas. El comportamiento nómada no implica una dirección errante, sino que se basa en centros temporales, cuya estabilidad depende de la disponibilidad de los alimentos y del agua y de la tecnología para su explotación.
A los nómadas tradicionales se ha sumado un contingente humano sofisticado: los “nómadas digitales”. En la era de las grandes plataformas, como lo señala un informe especial de BBVA del 2025, Estados Unidos, España y Tailandia son tres de los destinos preferidos para muchos de los 40 millones de nómadas digitales que hay en el mundo, según la plataforma Nomad List.
Tsugio Makimoto y David Manners acuñaron el término nómada digital. Esta categoría define un estilo de vida en el que, gracias al WiFi, profesionales pueden desempeñar su labor desde cualquier lugar y en cualquier momento. Alrededor de 40 millones de personas son nómadas digitales y casi la mitad tiene entre 30 y 39 años, según la empresa especializada en soluciones de datos Demandsage.
México es el país latinoamericano con más nómadas digitales y el segundo en el continente, sólo por detrás de Estados Unidos. En 2021, los trabajadores remotos dejaron un impacto en Ciudad de México de 9 mil 300 millones de pesos (4 mil 960 millones de euros), 15% de lo obtenido en la capital por turismo ese mismo año.
Una estimación de Restart, empresa de origen ucraniano con matriz en Alemania que inició este año operaciones en México, indicó que “puede haber más de 90 mil extranjeros radicando en México bajo el concepto de nómadas digitales”, cuyo gasto podría superar mil millones de dólares.
México se ha transformado en un destino atractivo para muchos extranjeros. En nuestro país viven 1.6 millones de estadunidenses, según el Departamento de Estado de EU, muchos de los que llegaron durante la pandemia de covid-19.
Paralelamente, en varias calles de colonias emblemáticas de la Ciudad de México y en muchos pueblos mágicos del país, se presenta un proceso de gentrificación; es decir, una rehabilitación urbanística y social de una zona deprimida o deteriorada, que provoca un desplazamiento de los vecinos empobrecidos del barrio por otros de un nivel social y económico más alto.
Como señala, Luis Alberto Salinas Arreortua, investigador del Instituto de Geografía de la UNAM, la gentrificación es un proceso de reestructuración de relaciones sociales en el espacio. Los más ricos se apropian de espacios urbanos que presentan ciertas cualidades: áreas verdes, buena ubicación, equipamiento, infraestructura y zonas culturales.
BALANCE
Como lo señala ONU Hábitat, la gentrificación lleva a la expulsión de los residentes originarios, que se quedan atrás ante nuevos propietarios que aprovechan el bajo costo de la vivienda y las oportunidades generadoras de ingresos típicas de los vecindarios.
Los recursos generados por la gentrificación deben emplearse para impulsar la regeneración de otros sitios de ubicación menos central que han dejado de ser utilizados para su propósito original. La gentrificación es un fenómeno que llegó para quedarse. Entender el problema y ofrecer alternativas realistas es algo que urge para beneficio de todos: nómadas y residentes originarios.
