Epicentro
El lanzamiento del Escudo de las Américas establece compromisos concretos, a la sombra de la Doctrina Donroe, que pretenden impulsar estrategias conjuntas frente al narcotráfico.

Francisco Guerrero Aguirre
Editorial
No son interpretaciones ni sospechas. El tono va creciendo de manera acelerada. Algunos pensarán que sólo es retórica; sin embargo, todo discurso entraña una intención práctica. Las cartas están sobre la mesa. Las cosas no regresarán a su estado original.
El fin de semana, el presidente de los Estados Unidos recibió en Miami a líderes de 12 países de América Latina en una cumbre regional que busca construir una cooperación más estrecha en temas de seguridad, migración y combate al crimen organizado.
El encuentro reunió a mandatarios cercanos ideológicamente que han decidido hacer explícita su coincidencia con el poder hegemónico del norte a través de un lenguaje más directo y sin rodeos diplomáticos. México, socio económico principal de los Estados Unidos, Colombia y Brasil no fueron siquiera considerados.
El lanzamiento del Escudo de las Américas establece compromisos concretos, a la sombra de la Doctrina Donroe, que pretenden impulsar estrategias conjuntas frente al narcotráfico, fortalecer la cooperación regional y discutir el papel de potencias externas en América Latina, especialmente China.
Trump está articulando un alineamiento político, económico y militar que tendrá consecuencias para todo el continente. Sus palabras, durante la apertura del encuentro, no dejan dudas: “No podemos tolerar ni toleraremos más la anarquía en nuestro hemisferio” (…) la única manera de derrotar a estos enemigos es desatando el poder de nuestras fuerzas armadas. Tenemos que usar nuestras fuerzas armadas, ustedes tienen que usar las suyas”.
Rodeado de fans, Trump lanzó un dardo directo: México ha rechazado sistemáticamente su sugerencia de permitir que Estados Unidos erradique los cárteles que operan en territorio nacional. El epicentro de la violencia de los cárteles es México. Las organizaciones nacionales están alimentando y orquestando gran parte del derramamiento de sangre y el caos en este hemisferio, y el gobierno de Estados Unidos hará todo lo necesario para defender su seguridad nacional.
La reacción tomó un fin de semana de “cabeza fría”. La presidenta Sheinbaum respondió que no permitirá el ingreso de tropas estadunidenses al país y demandó a Washington frenar el tráfico de armas que abastece a los cárteles. “Qué bueno que el presidente Trump dice públicamente que, cuando nos ha propuesto que entre el ejército de Estados Unidos a México, hemos dicho que no. Porque es la verdad: hemos dicho que no. Y, orgullosamente, seguimos diciendo que no”.
Ya encarrerada remató: para poder avanzar es indispensable la disminución del consumo de drogas en Estados Unidos. Y presumió: “Estamos colaborando muchísimo, se ha reducido a la mitad el fentanilo, lo que cruza de México a Estados Unidos, y otras drogas también”.
Más allá de los dimes y diretes, la presión sobre México continuará. Stephen Miller, asesor de seguridad nacional del presidente Trump ha sido más directo: los gobiernos latinoamericanos deben combatir a los cárteles del narcotráfico como si fuesen grupos terroristas como ISIS o Al-Qaeda.
Balance
La nueva estrategia fue anunciada unos días antes por el secretario de Guerra, Pete Hegseth durante la conferencia inaugural Las Américas contra los cárteles, en la sede del Comando Sur de Estados Unidos (Southcom) en Doral, donde reafirmó que la nueva Doctrina Donroe justifica ataques militares a narcotraficantes en Latinoamérica. Esto se hará, solos o acompañados.
Existe un cambio profundo en el paradigma de seguridad: el combate a las organizaciones criminales se hará con todo el poder del aparato militar de Estados Unidos. La migración ilegal es una vertiente del terrorismo que recibirá un tratamiento militar. Como epicentro del problema, más nos vale estar preparados.