Desigualdad y violencia: brebaje peligroso
Tanto la CEPAL como el BID cuantifican que, en promedio, el 8% del PIB regional se ha visto afectado a causa de la criminalidad, la violencia, y los delitos en contra de la vida y la propiedad pública y privada. El entorno violento es una tragedia económica de grandes proporciones
La semana pasada, en el marco del Encuentro Nacional de Magistradas y Magistrados Electorales, organizado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación de México, tuve el privilegio de reflexionar sobre los efectos de la violencia y la criminalidad en los procesos electorales del continente americano.
Como lo había comentado en mi columna anterior, el incremento de acciones delictivas en los comicios es un tema de importancia cardinal para toda la región, que requiere acciones urgentes de la comunidad internacional.
Nuestro continente vive una paradoja, por un lado, es un hemisferio en donde priva la paz entre sus países, no tenemos conflictos armados por cuestiones limítrofes, litigios territoriales o actos lesivos a la soberanía territorial. Por el contrario, nuestras naciones han optado por utilizar los mecanismos diplomáticos para resolver sus controversias, prevaleciendo el principio de resolución pacífica de los conflictos.
Sin embargo, a nivel doméstico, afrontamos el flagelo de la violencia y la criminalidad. América Latina y el Caribe es la zona más desigual del planeta y la segunda región, a nivel mundial, con el mayor número de homicidios intencionales.
Según la Fundación Insight Crime, en el 2022 se estableció un récord de tasas de homicidios a causa del narcotráfico, la violencia de grupos armados y el flujo de armas, situando, en promedio, la tasa de homicidios regional en 16.4 muertes por cada 100,000 habitantes.
Tanto la CEPAL como el BID cuantifican que, en promedio, el 8% del PIB regional se ha visto afectado a causa de la criminalidad, la violencia, y los delitos en contra de la vida y la propiedad pública y privada. El entorno violento es una tragedia económica de grandes proporciones.
Al mezclarse la desigualdad con la violencia se produce un brebaje peligroso que pone en peligro la viabilidad logística y operativa de las elecciones. Aunque no se presenta con frecuencia, la nulidad electoral por violencia es una amenaza latente que debería preocuparnos.
La nulidad de los comicios se presenta cuando se dan situaciones de violencia física y presión en contra de integrantes de casillas electorales, impidiendo su instalación, recepción de sufragios y el propio desarrollo de los escrutinios.
Las Misiones de Observación Electoral de la OEA constatan, en sus informes en distintos países, que el asesinato de candidat@s y personas políticas en funciones no sólo es una pérdida irreparable, sino que representa un retroceso democrático para toda la región.
La violencia política se alimenta de espacios virtuales y tecnológicos en los cuales no prima el debate respetuoso, tolerante, fundamentado y riguroso. Por el contrario, este lugar ha sido ocupado por posiciones fanáticas, polarizantes y virulentas.
La difusión masiva de mensajes de odio genera situaciones de agresión e intolerancia en contra de los sujetos políticos, sus partidarios y las instituciones básicas de toda sociedad democrática, entre ellas los organismos electorales.
- BALANCE
La presencia de la violencia política en contextos electorales genera que ciudadan@s, candidat@s, organizaciones políticas y aun observador@s electorales tengan miedo, temor e incertidumbre en ir a votar, desarrollar proselitismo político, integrar una casilla electoral o desarrollar su trabajo de observación.
Hago mías las palabras del secretario general de la (OEA), Luis Almagro, quien señala: El asesinato de un dirigente político es una herida de muerte a la democracia y una sucesión de hechos de violencia política en un proceso electoral es la muerte de mucha democracia.
Los puntos de vista son a título personal, no representan la posición de la OEA
