Covid-19: catástrofe mundial

Según la OCDE, en 2020 la producción económica a nivel mundial caeráun promedio de seis por ciento, aunque en los países más pobresesta proyección puede llegar, incluso, a duplicarse.

Existe una coincidencia universal. Todos los organismos internacionales han presentado estudios de prospectiva que colocan al mundo en una recesión de consecuencias catastróficas. La pandemia del covid-19 está aplastando la economía global y sus efectos ya son devastadores para los bolsillos de la gente.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) presentó, el pasado 10 de junio del 2020, su informe semestral, mediante el cual muestra una radiografía de las proyecciones de la crisis y su impacto multidimensional en la economía.

Según la OCDE, en 2020 la producción económica a nivel mundial caerá un promedio de seis por ciento, aunque en los países más pobres esta proyección puede llegar, incluso, a duplicarse. Para el próximo año, se habrían perdido cinco años en los ingresos de toda la economía global. La tasa de desempleo prácticamente se duplicaría en todo el mundo, alcanzando un 10 por ciento.

Ante este panorama, será necesario adoptar políticas extraordinarias para caminar por la cuerda floja que, eventualmente, nos conducirá a la recuperación. Reiniciar la actividad económica requerirá de políticas ágiles y flexibles. Muchos piensan que será inevitable el aumento de la deuda pública, esperando que el gasto financiado con dicha deuda se dirija a respaldar a la población más vulnerable y a proporcionar la inversión necesaria para lograr una transición a una economía más resiliente y sostenible.

En lo regional, el escenario es sombrío y doloroso y estamos a puertas del inicio de una nueva década perdida por los efectos de la pandemia. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima que en toda la región se tienen 2.6 millones de empresas cerradas por el coronavirus.

La economía regional está en picada con más de 200 millones de personas en la pobreza. La pobreza, a finales de este año, podría alcanzar al 34.7% de la población latinoamericana (214,7 millones de personas) y la pobreza extrema al 13% (83,4 millones de personas). Se estima que la crisis financiera generada por las medidas para enfrentar la pandemia de coronavirus nos puede llevar a un retroceso de 13 años.

Es falso el dilema que algunos plantean de tener que confrontar y escoger entre la salud de la gente y la economía, sin lo primero no puede existir reactivación económica, debemos concentrar y priorizar todos nuestros esfuerzos para controlar el virus, cuidar la salud y preservar la vida de los seres humanos para luego enfocarnos, con urgencia, en la transición y la recuperación económica.

El informe de la OCDE plantea acciones inmediatas para enfrentar la crisis. En materia sanitaria sugiere reforzar los sistemas de salud y aumentar la oferta de equipamiento médico. Realizar pruebas, hacer un seguimiento y rastreo de los casos y mantener la distancia social para limitar la propagación del virus. La cooperación internacional en materia de desarrollo y distribución de vacunas y tratamientos será crucial.

En materia de reactivación económica y recuperación será necesario apoyar la transición de personas y empresas de los sectores más castigados a nuevas actividades y reforzar la protección de ingresos. Facilitar una rápida reestructuración empresarial y acelerar la digitalización. Mantener las ayudas a la liquidez y prepararse para nuevas turbulencias financieras. Invertir en finanzas públicas en favor del bienestar de la población será fundamental.

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América Latina y el Caribe enfrentan serios desafíos. Por un lado, la recesión y los costos económicos de la crisis. Por el otro, la necesidad de un manejo democrático en las delicadas decisiones de gobierno, sin dejar de considerar la vulnerabilidad externa y los problemas propios de la región más desigual del planeta.

La respuesta de los gobiernos de la región a la crisis actual determinará el mundo poscovid-19 para los siguientes años. El reto está en proteger la calidad de vida de las presentes generaciones, sin afectar el futuro de las próximas, mediante una recuperación resiliente, inclusiva y sostenible.

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