Carta Democrática: números rojos
El número de autocracias (91) en el mundo supera al de las democracias (88).
En medio de asesinatos, inhabilitaciones y un tono cada vez más polarizado, se cumplieron 24 años de vigencia de la Carta Democrática Interamericana (CDI), que fue suscrita en Lima, Perú, el 11 de septiembre de 2001. A nivel global, el 15 de septiembre se celebra también el Día Internacional de la Democracia establecido por la Asamblea General de la ONU.
Son tiempos miserables para la democracia. Como señala Ramón Cardozo Álvarez en relación con el Informe V-Dem de 2025, por primera vez en más de dos décadas, el número de autocracias (91) en el mundo supera al de las democracias (88). Un 72% de la población global, casi tres de cada cuatro personas, viven actualmente bajo regímenes autocráticos, ya sean electorales o cerrados.
Ahora, los países no democráticos generan una proporción creciente de la riqueza mundial, alcanzando niveles inéditos en más de 50 años. Si al final de la Guerra Fría (1989) las democracias producían más de 75% del PIB mundial, para 2022 las autocracias ya representaban casi la mitad (46 por ciento).
Esta concentración de poder económico en manos de regímenes autoritarios fortalece su capacidad para influir y socavar de forma sistemática las normas democráticas y valores liberales en organismos internacionales, redes comerciales y en sus entornos geoestratégicos.
En este entorno de creciente autocratización, la Carta debe ser más que un conjunto de declaraciones políticas o buenas intenciones. La CDI contiene mecanismos diplomáticos concretos para una efectiva cooperación regional en la defensa, fortalecimiento y consolidación de la democracia.
Por ello, a pesar de que el viento no sopla a favor de la democracia, el silencio o la discreción interesada no pueden ser la muletilla para evitar hablar de las obligaciones democráticas de los Estados. Tenemos la obligación moral de seguir alzando la voz cada vez que los tiranos y los autócratas abusan de su poder.
La CDI debería reflejar el compromiso colectivo de los países miembros de la OEA con la democracia y sus instituciones fundamentales. Sin embargo, una red cada vez más intrincada de intereses y posicionamientos dogmáticos ha venido restando importancia a los asuntos de la democracia para concentrarse en temas fútiles menos escabrosos y divisivos.
En un ambiente de astringencia financiera en los organismos multilaterales y una creciente indiferencia al sufrimiento que padecen millones de personas por culpa de las dictaduras reinantes, es de reconocerse que las Misiones de Observación continúan su loable trabajo de monitoreo electoral en lo que va del ciclo político de 2025.
Hay que decirlo, aunque nos duela, se cumplen 24 años de existencia de la CDI en un momento donde hay poco que celebrar. Las dictaduras siguen vivas y coleando. Maduro, Ortega y Díaz-Canel caminan impunes reinando en sus dictaduras con la complacencia inexplicable del vecindario. Números rojos. Silencio y complicidad.
BALANCE
Como lo hemos dicho por más de 10 años, es crucial que los gobiernos demuestren en los hechos su compromiso con la democracia con acciones concretas. La ausencia de voluntad política enturbia y condiciona a nuestras democracias. Evadir los compromisos causa más desencanto cívico, nos acerca a un abismo populista en donde las tiranías tienen terreno fértil para la cooptación de poderes y la consolidación de sus regímenes autoritarios.
Las obligaciones de los Estados americanos son claras: respetar sin medias tintas los derechos humanos; garantizar la vigencia del Estado de derecho; celebrar elecciones íntegras y justas; fortalecer el régimen plural de partidos y defender sin excepciones la separación e independencia de los poderes públicos.
