Abundancia de información
No todo lo que se recibe, se lee o se escribe constituye información ni toda la información es verdadera y confiable. En ese sentido, al usar la información disponible para la toma de decisiones, por más simples que parezcan, es imprescindible discernir sobre la calidad de la información.
Con la revolución digital y la explosión de las redes sociales, la información se ha convertido en un recurso altamente valorado, necesario para el desarrollo y evolución de las sociedades. Conceptualmente, la información “está constituida por un grupo de datos ya supervisados y ordenados, que sirven para construir un mensaje basado en un cierto fenómeno o ente".
La comunicación entre las personas se basa, precisamente, en el intercambio de información, la cual es usada para la toma de decisiones en todos los ámbitos de la vida diaria. Los datos recogidos y ordenados producen, finalmente, el conocimiento, elemento esencial para la solución de problemas o la toma de decisiones.
Si bien la información es fundamental, incluso en los asuntos más simples de la cotidianidad, las nuevas tecnologías han transformado la manera de poder obtener datos en tiempo real. Vivimos en un mundo de “información infinita” que nos absorbe y a veces parecería que nos ahoga. Es, por tanto, imprescindible aprender a discernirla, entenderla y transmitirla.
Por estos días, justamente, llegó a mis manos el más reciente libro de Pablo J. Boczkowski, profesor del Departamento de Estudios de Comunicación de la Universidad Northwestern, llamado Abundance, que en español se traduce como Abundancia. En su libro, Boczkowski, analiza cómo las personas afrontan esa “sobrecarga de información” a la que estamos expuestos diariamente.
Según Boczkowski, la idea de que existe un nivel óptimo de información que las personas pueden procesar para tomar decisiones, y que cualquier información adicional significa una sobrecarga que trae consigo consecuencias negativas, está basada en dos premisas falsas. La primera falacia es que la mayoría de las personas usan la información obtenida a través de las redes sociales y las plataformas digitales para tomar decisiones. Esto no es así, de acuerdo con su investigación, la mayoría de las personas utiliza estos canales para comunicarse, expresarse y conectarse con otros, no necesariamente para la toma de decisiones. La segunda premisa señala que no existe un nivel óptimo de información que pueda aplicarse a todos los ámbitos, y tener información en demasía no necesariamente genera consecuencias negativas.
La tecnología nos ofrece inmensas posibilidades para obtener nueva información en un mundo altamente globalizado. De tal forma, el autor propone el término “abundancia” de información, teniendo en cuenta que el valor de tener más o menos información para tomar decisiones depende de una serie de factores, como la edad de las personas, estatus socioeconómico y género, así como del contexto en el que se procese la información.
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No todo lo que se recibe, se lee o se escribe constituye información ni toda la información es verdadera y confiable. En ese sentido, al usar la información disponible para la toma de decisiones, por más simples que parezcan, es imprescindible discernir sobre la calidad de la información. Las tecnologías de la información se han convertido en nuevos mecanismos de participación que nos permiten crear y mantener canales de difusión de información directa, así como abrir espacios para la interacción entre ellos.
La pandemia nos ha demostrado que la abundancia de información científica no ha logrado concientizar a muchos segmentos de la población de la necesidad imperiosa de la vacuna. Paradójicamente, los grupos “antivacunas” aprovechan las noticias falsas y los rumores absurdos para difundir mentiras y fantasías. Más información no significa mejor información. Seguir discerniendo lo que vemos y escuchamos es un gran reto para nuestra generación.
